Buscador

Mostrando entradas con la etiqueta Filosofia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Filosofia. Mostrar todas las entradas

martes, 18 de diciembre de 2012

La Muerte e Inmortalidad del Alma

La Muerte ¿Principio o Fin?

La muerte es un tema de interés para la mayoría de las personas ya que es algo que tarde o temprano todos tendremos que afrontar.   

Tal vez la mayor preocupación en cuanto a este tema es qué pasa después, 
¿se acaba y ya? ¿seremos juzgados? ¿a dónde vamos? 
Muchos encuentran las respuestas a éstas preguntas y a muchas más en la religión,  
ya que aunque todas son diferentes por factores culturales, todas tienen un punto en común: una hipótesis en cuanto a la vida después de la muerte. 

Yo, por mi parte, propongo otra interpretación de la muerte, una de carácter filosófico propuesta por Platón en el “Fedón”. Ésta se basa en que la muerte es el paso hacia la verdad absoluta, porque al morir el alma se separa del cuerpo liberándose así de lo falso, algo que es llamado por él: mundo de las apariencias.


Con el propósito de sustentar la interpretación filosófica de la muerte según Platón en el “Fedón”, se debe explicar inicialmente cuales son los dos mundos que el filosofo plantea: el mundo de las ideas y el mundo de las apariencias, y en que consiste cada uno de estos. 



Después de entender que el mundo de las ideas es el mundo de la verdad y el mundo de las apariencias el mundo irreal y sensorial, se deberá explicar la inmortalidad del alma. Llegando así a la conclusión de que el hombre es una composición de cuerpo y alma, en la que la última es la parte de la composición que pertenece al mundo de las ideas y que ésta puede conocer la verdad absoluta después de morir al separarse del cuerpo (mundo de las apariencias) si en la vida practicó la filosofía.

INMORTALIDAD DEL ALMA

INMORTALIDAD


Inmortalidad proviene del griego Athanasía, inmortalidad; aftharsía, incorruptibilidad. 
Este término aparece sólo 5 veces en la Biblia mientras que la palabra inmortal aparece dos veces. 
Se califica a Dios como inmortal (1Ti. 1:17; Ro. 1:23 )y como el único que posee inmortalidad (1 Ti. 6:16). 
Es obvio que ninguno de estos pasajes otorga el más mínimo apoyo a la idea ampliamente difundida de que la inmortalidad es inherente al hombre. 



LA INMORTALIDAD DEL ALMA SEGÚN PLATÓN

Según Platón, el alma humana es inmortal porque provienen del mundo de las ideas,es decir, el alma humana es eterna siendo pre existente y pos existente, y recogió también la doctrina de la reencarnación y de la metempsicosis (migración del alma) de los pitagóricos. 
En su estado ideal, las almas se encuentran en eterna contemplación hasta que por alguna razón que Platón no puede explicar con exactitud, las almas se caen del lugar ideal y se encarnan en cuerpos. 
Esto es considerado como un castigo y una alienación de si mismo. 
La dimensión corporal del hombre es un mal necesario, es la cárcel del alma de la que hay que liberarse lo más antes posible según el filósofo. 



Argumentos

1...

En primer término existen los contrarios que se originan en los opuestos. La vida y la muerte son contrarios y la vida produce la muerte, se puede suponer entonces que la muerte produce la vida, en un proceso cíclico eterno.
El contrario es un derivado de la misma materia de que está hecho su opuesto.

2...

El segundo argumento que menciona la misma fuente, se refiere al conocimiento “a priori” que posee el hombre que no pertenece al mundo sensible, como las normas y los modelos absolutos, los cuales deben provenir de un estado anterior de existencia. Los jóvenes pueden ser inducidos a enunciar verdades matemáticas aunque no hayan recibido ninguna educación, por lo tanto el aprendizaje es sólo un recuerdo de lo que ya se conoce.
3...

El tercer argumento de Sócrates se fundamente en la característica espiritual del alma, que es capaz de contemplar las formas invisibles del mundo espiritual, que los ojos no pueden ver.

4...

El cuarto argumento trata sobre el gasto de la energía del alma. Al respecto, Cebes supone que a lo largo de muchas vidas, el alma puede agotar su energía y llegar a perecer.
Pero el alma es una forma y no admite la existencia de otra forma contraria, o sea la muerte, de modo que cuando el cuerpo muere hay que admitir que el alma no perece, ya que un principio espiritual es inagotable.

5...

El quinto argumento nos dice que no hay nada que pueda destruir el alma, ni la injusticia, ni la cobardía, ni la ignorancia, dado que estos males tampoco pueden destruir al hombre injusto o ignorante, más que al que es justo y sabio.

6...

El sexto argumento es que el alma es fuente y principio de movimiento, que tiene que ser increada porque si fuera creada no sería un principio; y además es indestructible y su movimiento ha existido siempre, porque si no fuera así, todo terminaría.




Tanto en el Fedón, como en la “República”, Platón parece revelar su creencia en la inmortalidad de los hombres.

Hay pasajes en sus escritos donde Sócrates menciona que esta vida es una preparación para la eternidad; y también observaciones sobre lo que decía Eurípides, que podría tener razón al afirmar que esta vida en el mundo, en realidad, es la muerte; y que la muerte es la verdadera vida.

Lo cierto es que Platón quería transmitir que el alma sigue existiendo después de la muerte del cuerpo y tendría una vida después de la muerte, acorde a como haya sido su conducta en este mundo.

La doctrina de las sucesivas reencarnaciones que Platón propone en los mitos no se sabe hasta que punto eran tomadas por él en serio, aunque parece ser que el alma podría escapar de ese ciclo y también que podrían ser arrojados para siempre al Tártaro, los pecadores que no se corrijan a tiempo.




La inmortalidad es cada dia una idea más cercana, la inmortalidad no solo un deseo lejano, sino algo casi inevitable que podría pasar este siglo.

sábado, 8 de diciembre de 2012

Liberalismo y romanticismo



El movimiento que apareció contemporáneamente a la Restauración con el nombre de liberalismo no sólo fue una doctrina de la libertad política. Llegó a implicar además una voluntad casi generalizada de adherirse a las instituciones y valores que habían surgido con la Revolución francesa, así como la urgencia de manifestar una férrea oposición a la simple posibilidad de que se retrocediera a la antigua sociedad con la monarquía restaurada. La igualdad civil que reducía a la nobleza a la condición común y la exclusión de cualquier derecho de inspección clerical sobre el gobierno, fueron para la tendencia liberal conquistas tan importantes como el conjunto de libertades civiles garantizados por la Declaración de los Derechos del Hombre. 

Por encima del rechazo de un pasado humillante, el anhelo de libertad constituyó un pregón de fe en el porvenir. Dicho anhelo fue expresado también por la mayoría de las voces que formaron parte del romanticismo. Los escritores románticos, tanto alemanes como franceses, hablaron de "perfectibilidad", refiriéndose con ello al proyecto de dar a luz en esa época a un Hombre libre. De esta manera, el amplio crédito que acabó disfrutando el liberalismo se debió al hecho de que reunía en su seno, junto con la libertad, los elementos de la causa moderna: igualdad y progreso. La libertad, fue sin duda el alma inspiradora de esa doctrina.


El siglo XIX mostró que la existencia de la libre empresa no basta por sí misma para asegurar el respeto de los derechos del hombre. En consecuencia, cuando se habla de liberalismo, es preciso tener en cuenta esa herencia espiritual en toda su extensión, como una filosofía que trata de las relaciones del individuo con el Estado, sin olvidar que la libertad política supone una doctrina de libertad moral. Schiller no difiere en este sentido al afirmar:
"Cuando la Naturaleza aspire a afirmar su multiplicidad en el edificio moral de la sociedad, no rompa en manera alguna la unidad moral. La forma victoriosa se halla tan lejos de la uniformidad como del desorden. Totalidad de carácter ha de tener el pueblo digno y capaz de trocar el Estado de necesidad por el Estado de libertad."

El liberalismo y el romanticismo, en cuanto que profesan la perfectibilidad humana, asientan como aspiración ciertos valores que deben realizarse humanamente, ambos movimientos tuvieron que recurrir al antiguo fundamento trascendente del Bien, aunque de forma distinta a como se había postulado desde la herencia platónica. La libertad, en efecto, mantiene una relación estrecha con el ideal. El impulso que en nosotros la afirma y dignifica es el mismo que nos transporta a una región de existencia superior en la que cesa para siempre la esclavitud frente al instinto.



Ante la naturaleza y la noción de necesidad natural, tanto la actitud del romanticismo como la del liberalismo están constituidas de modo semejante. Existe una curiosa mezcla de adhesión, tienden a salvaguardar la autonomía del hombre. Sin embargo, si el progreso no es otra cosa que el desenvolvimiento de nuestra naturaleza, se corre el peligro de concebirlo como fatal e inexorable. ¿Cómo garantizar entonces que es efectivamente progreso y no desarrollo ciego; que en él se realiza, a medida que se avanza, el proyecto del ideal? A la lógica de la trascendencia se une la convicción de que el tiempo obra en favor del hombre. La gran metamorfosis del mundo que trajo consigo la Revolución francesa representa la prueba triunfal de que el transcurso de la historia posee una dirección: la evolución objetiva que permite identificar lo moral con el progreso, legitimando así el presente como aliado en la causa de la libertad.

No es extraño entonces que románticos y liberales hayan visto la Revolución con buenos ojos por ser un suceso que se había propuesto introducir la justicia en la sociedad, es decir, el imperio de la ley moral en las relaciones mutuas de los ciudadanos y en las del gobierno con los ciudadanos. El progreso moral y material de la civilización es irresistible,  es el destino del género humano.



Cuando se acepta que la soberanía del pueblo es y deber ser ilimitada, se crea en la sociedad un poder excesivamente grande, sin importar ya cuál es la mano que lo maneja. El dominio de la sociedad sobre el individuo no puede franquear legítimamente ciertas fronteras. Hay sin duda una parte de la existencia humana que se conserva a toda costa independiente y que está fuera de cualquier competencia social. La soberanía se manifiesta, pues, de modo limitado y relativo. En el punto donde comienza la independencia de la existencia individual, se detiene la jurisdicción de esa soberanía. Aun el consentimiento de la mayoría no basta para legitimar sus actos. Cuando una autoridad rebasa dichos limites, se llame individuo o nación, se hace tan culpable como el peor de los déspotas.

Así, la idea moderna de libertad se opuso a la idea de libertad expuesta en el Contrato social, ya que en él se estipulaba la alienación de los derechos del individuo en favor de la autoridad colectiva, a cambio de la participación de cada ciudadano en el voto de la ley. Allí se aseguraba, por lo menos, que la colectividad no podría legislar contra los intereses de sus miembros porque todos constituían una voluntad general. Para el siglo XIX, los resultados del proyecto de Rousseau parecieron catastróficos. Extender a todos los rincones privados la competencia de la ley equivalía a organizar metódicamente la tiranía. El mayor de los errores había consistido en divinizar al legislador, fuese éste uno o muchos.


En conclusión, ganó importancia la idea de que debía existir un ámbito donde el poder no incursionara y que la ley no invadiera, bajo pena de una ilegitimidad radical. Este principio se irguió como un auténtico imperativo categórico: es el acto de conciencia mediante el cual cada individuo establece su derecho inalienable.
 Sólo así el principio de libertad adquiere vida y puede realizarse.

viernes, 16 de noviembre de 2012

Nietzsche y el Vitalismo



Es vitalista toda teoría filosófica para la que la vida es irreductible a cualquier categoría extraña a ella misma. 


Esta doctrina tuvo éxito en la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX. Las  corrientes vitalistas se diferencian por su concepto de vida: la comprensión de la vida en el sentido biológico subraya el papel del cuerpo, los instintos, lo irracional, la naturaleza, la fuerza y la lucha por la subsistencia; el vitalismo de Nietzsche se incluye en este grupo. Por su parte, la vida en el sentido biográfico e histórico entiende la vida como conjunto de experiencias humanas dadas en el tiempo, tanto en su dimensión personal o biográfico como en su dimensión social o histórica; Ortega y Gasset es vitalista en este sentido. El vitalismo es una doctrina contraria al racionalismo, y sus conceptos más importantes son: temporalidad, historia, vivencia, instintos, irracionalidad, corporeidad, subjetividad, perspectiva, valor de lo individual, cambio, enfermedad, muerte, finitud... Cabe entender la totalidad de la filosofía de Nietzsche como el intento más radical de hacer de la vida lo Absoluto. La vida no tiene un fundamento exterior a ella, tiene valor en sí misma; y la vida entendida fundamentalmente en su dimensión biológica, instintiva, irracional. La vida como creación y destrucción, como ámbito de la alegría y el dolor. Por esta razón, Nietzsche creyó posible medir el valor de la metafísica, la teoría del conocimiento y la ética a partir de su negación o afirmación de la vida.

"Bajo cada pensamiento se oculta una pasión" 



La muerte de la metafísica tradicional es plasmada por Nietzsche en la metáfora sobre la muerte de Dios. Sin embargo expresa que el horizonte, tras la muerte de Dios, aún no está despejado porque su sombra se perpetúa. La sombra de Dios es una sombra sin objeto, es la sombra de un objeto inexistente. Sobrevive como espectro o fantasma. Como tal su presencia es menos reconocible, es escurridiza; nada mejor para regular la conducta humana que un mecanismo invisible o invisibilizado para los hombres y las mujeres. 

La voluntad de poder se identifica con cualquier fuerza, inorgánica, orgánica, psicológica, y tiende a su autoafirmación: no se trata de voluntad de existir, sino de ser más. Es el fondo primordial de la existencia y de la vida.




Las críticas más importantes que Nietzsche realiza a la metafísica tradicional tienen que ver fundamentalmente con la crítica a la teoría platónica de los dos mundos, la cual conjuntamente con el cristianismo, genera
ron un mundo inteligible (o cielo) como regulador de las prácticas morales de los hombre; los cuales se transformaron en sujetos pasivos al no alcanzar el cielo por medio de su propia voluntad. Estos sistemas monótono-teístas se caracterizan por negar el devenir y privilegiar al ser, fijándolo y creando con él sistemas piramidales inmutables regidos por un principio estructurante (El sol o Dios) que no sólo le otorgaban fundamento al mundo sino también determina la conducta de los hombres, estableciendo el bien y el mal; el hombre veraz diferenciado del mentiroso.

Platonismo es toda teoría que escinde la realidad en dos mundos: un mundo verdadero, dado a la razón, inmutable y objetivo, y un mundo aparente, dado a los sentidos, cambiante y subjetivo. 
La filosofía y la religión son una forma de platonismo y defienden la misma concepción de la realidad, aunque con palabras distintas. Platón articuló con precisión y radicalidad esta tesis básica del pensamiento occidental; por lo demás, el platonismo, gracias al cristianismo, se ha instalado en la cultura y viene a ser la actitud de todos los hombres de nuestra civilización. Para el platonismo la realidad no cambia y lo que cambia no es real; el auténtico ser es inmutable. La filosofía nace con el paso del mito al logos y la superación de las des­cripciones del mundo basadas en la imaginación y la narración metafórica por las descripciones racionales, precisas y objetivas, que ofrecen conceptos antitéticos (ser/apariencia, razón/sentidos, alma/cuerpo, lo permanente/el cambio, unidad/multiplicidad). 


Nietzsche es conciente de que su mayor enemigo no es ya Dios porque el ya ha anunciado su muerte. Su enemiga es ahora la sombra del Dios muerto. Nietzsche advierte que la sombra actúa de manera tal que es defendida por quienes fueron los asesinos de Dios como si no se tratara de una consecuencia de este. Nietzsche reconoce la complejidad de la acción de la sombra, ve una lógica en ella aún más perversa y difícil de visualizar. 

La metafísica platónica sigue estructurando las prácticas cotidianas de los seres humanos a través de la sombra de Dios . En este sentido Nietzsche exclama ¡también nosotros debemos vencer su sombra!, en tanto “sujetos” a estas estructuras fijas, piramidales a partir de las cuales se construyen subjetividades, la subjetividad de todos nosotros. Nosotros, quienes por algún motivo o por otro, seguimos sosteniendo al Dios muerto sobre nuestras espaldas. Nietzsche mismo está incluido en el “también nosotros” de la exclamación, él era conciente incluso que su pensamiento en un futuro también sería objeto de martillazos, porque la sombra se instala sin ser percibida.

Pero también existen quienes viven en el nihilismo absoluto producto de haber matado a dios y a su sombra y ver al mundo estructurado como si dios continuara con vida. Quizás a ellos Nietzsche dedica lo citado en el apéndice, quizás de ellos será el futuro; de ellos y de sus “nuevas luchas” con las cuales vencerán la sombra divina .


Reivindicación de la tesis del eterno retorno como signo de vitalidad


          Esta concepción del tiempo consiste en aceptar que todos los acontecimientos del mundo, todas las situaciones pasadas, presentes y futuras se repetirán eternamente. Según la tesis del eterno retorno todova a repetirse un número infinito de veces, lo cual implica que las personas conocidas volverán a estar presentes, pero también el resto de los seres (animales, plantas, objetos inertes), y volverán las mismas cosas con las mismas propiedades, en las mismas circunstancias y comportándose de la misma forma. Para la defensa de esta extraña teoría Nietzsche alega el siguiente argumento: dado que la cantidad de fuerza que hay en el universo es finita y el tiempo infinito, el modo de combinarse dicha fuerza para dar lugar a las cosas es finito; pero una combinación finita en un tiempo infinito está condenada a repetirse de modo infinito; luego todo se ha de dar no una ni muchas sino infinitas veces. Sin embargo, cabe entender también la tesis del eterno retorno como la expresión de la máxima reivindicación de la vida, como una hipótesis necesaria para la reivindicación radical de la vida: la vida es fugacidad, nacimiento, duración y muerte, no hay en ella nada permanente; pero podemos recuperar la noción de permanencia si hacemos que el propio instante dure eternamente, no porque no se acabe nunca (lo cual haría imposible la aparición de otros instantes, de otros sucesos) sino porque se repite sin fin. En cierto modo, Nietzsche consigue con esta tesis hacer de la vida lo Absoluto. 

La voluntad de poder, “esencia” de la vida

        Es el principio básico de la realidad a partir del cual se desarrollan todos los seres, la fuerza primordial que busca mantenerse en el ser, y ser aún más. Nietzsche cree que en todas las cosas encontramos un afán por la existencia, desde el mundo inorgánico hasta el mundo humano, pasando por todos los distintos niveles de seres vivos. Todas las cosas son expresión de un fondo primordial que pugna por existir y por existir siendo más. Sus escritos anteriores a 1890 (fecha en la que le sobrevino la locura) eran esencialmente críticos con los esquemas mentales que han dominado toda nuestra cultura desde sus mismos orígenes –el platonismo–. Sin embargo, en su última obra escrita en la cordura (“La voluntad de poder”) Nietzsche intentó describir su visión positiva de la realidad, que coincide con la que presentó ya en su primera obra, “El nacimiento de la tragedia”, con la noción de lo dionisíaco. Las características que para él tiene la realidad, el ser (por lo tanto, la voluntad de poder) son:
  • irracionalidad: la razón es sólo una dimensión de la realidad, pero ni la más verdadera ni la más profunda pues el mundo no es racional sino caos, multiplicidad, diferencia, variación y muerte, y en el hombre la razón no tiene –ni debe tener– la última palabra, puesto que siempre está al servicio de otras instancias más básicas como los instintos o las emociones; 
  • inconsciencia: la fuerza primordial que determina el curso de todas las cosas no es consciente, aunque esporádica y fugazmente se manifiesta de este modo precisamente en los seres humanos; pero incluso en este caso la consciencia no tiene carácter sustantivo, ni crea un nivel de realidad nuevo o independiente;
  • falta de finalidad: las distintas manifestaciones que toman las fuerzas de la vida, sus modificaciones y consecuencias, no tienen ningún objetivo o fin, no buscan nada, son así pero nada hay en su interior que les marque un destino; Nietzsche declara con ello el carácter gratuito de la existencia;
  • impersonalidad: esta fuerza no puede identificarse con un ser personal, se trata en realidad de un cúmulo de fuerzas, no de una básica que supuestamente esté a la base de todas las visibles; un cúmulo de fuerzas que buscan la existencia y el ser más, compitiendo en dicho afán entre sí, enfrentándose y aniquilándose.



       Hay que recordar que Nietzsche no entiende por “voluntad” lo que habitualmente llamamos con este término: 





para nosotros  es lo que nos permite tener actos de querer,  la fuerza que descansa en nuestro interior gracias a la cual dirigimos nuestra conducta y con la que somos capaces de realizar nuestros fines conscientes. 








domingo, 14 de octubre de 2012

Ensayo sobre el tiempo X : Conclusiones


El tiempo es sucesión, y como tal, exige de un segundo instante temporal para que se traslade el primero;un tercer instante para que transcurra el segundo, y así hasta el infinito. El verdadero tiempo para John Dunne (An Experiment with Time y Nothing Dies), es el inalcanzable ultimo termino de una seria infinita de instantes...

La eternidad(Es/T parte 9)



Los teólogos definen a la eternidad como la simultanea y lúcida posesión de todos los instantes del tiempo y la declaran como uno de los atributos divinos. Dunne supone que ya es nuestra la eternidad y que los sueños de cada noche son prueba de ello.


Soñar es coordinar los vistazos de una contemplación infinita y simultanea de tiempo y urdir con ellos una historia, o una serie de historias.  
Dunne asegura que en nuestra muerte aprenderemos el manejo feliz de la eternidad. Recobraremos todos los instantes de nuestra vida y los combinaremos como nos plazca.


Para Berkeley es tiempo es: la sucesión de ideas que fluye uniformemente y de la que todos los seres participan ; para David Hume es: una sucesión de momentos indivisibles[...]Somos una colección de persepciones, que se suceden unas a otras con inconcebible rapidez...en fin para los idealistas el mundo esta hecho de un tiempo absoluto, un laberinto, un caos, un sueño.

Borges opina al respecto: [...]cada instante es autónomo  Ni la venganza ni el perdón ni las cárceles ni siquiera el olvido pueden modificar el invulnerable pasado. No menos vanas me parecen la esperanza y el miedo, que siempre se refieren a hechos futuros; es decir, a hechos que no nos ocurrirán a nosotros que somos el minucioso presente.[...] cada momento que vivimos existe, no así su imaginario conjunto. Si el tiempo es un proceso mental ¿Como pueden compartirlo millares de hombres, o aun dos hombres distintos?.

Comparto para apoyar esta opinión un relato del maestro, "Sentirse en Muerte"
No creí, no, haber remontado las presuntivas aguas del Tiempo; más bien me sospeché poseedor del sentido reticente o ausente de la inconcebible palabra eternidad. Sólo después alcancé a definir esa imaginación.
La escribo, ahora, así: Esa pura representación de hechos homogéneos —noche en serenidad, parecita límpida, olor provinciano de la madreselva, barro fundamental— no es meramente idéntica a la que hubo en esa esquina hace tantos años; es, sin parecidos ni repeticiones, la misma. El tiempo, si podemos intuir francamente esa identidad, es una delusión: la indisolubilidad de un momento de su aparente ayer y otro de su aparente hoy, basta para desordenarlo.
Apelando al sentido común es evidente que solo se se tiene certeza de este instante, el presente...

"Hoy es siempre todavía, toda la vida es ahora"(Es/T parte 1)  


Shopenhauer(El mundo como representación y voluntad) escribe al respecto:
La forma de la aparición de la voluntad es sólo el presente, no el pasado ni el porvenir; estos no existen más que para el concepto y por el encadenamiento de la conciencia, sometida al principio de la razón[...]El tiempo es como un circulo que girara infinitamente.... 
Por eso debemos disfrutar del presente:

Carpe Diem(Es/T parte 2)


Si vives cada día de tu vida como si fuera el ultimo algún día tendrás razón(Es/T parte 3)

Aunque el presente quizás no exista(Es/T parte 4): 


El presente es esa circunstancia que desaprovechamos y dejamos pasar y no nos damos cuenta que ha sucedido hasta que forma parte de ese pozo sin fondo al que llamamos pasado.
El pasado es inalterable...

Somos lo que fuimos(Es/T parte 5) 


Y el futuro es incierto...(Es/T parte 6)


Si, según lo expresado por Shopenhauer el tiempo es una rueda que gira de manera inifinita, eso nos lleva a Nietzsche y el Eterno Retorno(Es/T parte 7), idea que antes fue expuesta por Platon en El timeo...

El tiempo y los ciclos Planetarios(Es/T parte 8)


Antes había remitido al sentido común pero como estoy loco prefiero algún textos budistas que dicen que el mundo se aniquila y resurge 6500 millones de veces por día...como un fénix. 








lunes, 8 de octubre de 2012

J.P.Sartre sobre el SER



En el hombre podemos distinguir dos niveles de ser distintos, el propiamente humano y libre, y la parte común con los seres no humanos, la dimensión de cosa u objeto, la existencia ya hecha; a esta última la llama Sartre “la facticidad del para-sí” y tiene cuatro aspectos principales:
1. el hombre es cosa, en primer lugar, por su cuerpo; es un cuerpo entre los demás cuerpos;
2. el hombre es facticidad por su pasado: el pasado es la parte de nosotros que ya está hecha, terminada, y, como tal, que no podemos modificar; en tanto que busco realizar una meta hago mi propio ser, soy sujeto, pero en la medida en que tengo una historia, una biografía, ya soy, tengo rasgos con los que debo contar, que me pueden definir, soy un objeto;
3. el hombre es cosa también por su situación la circunstancia concreta que nos toca vivir puede limitar nuestras posibilidades de escoger; precisamente la libertad aparece como un enfrentamiento con la situación, como el afán de dejarla de lado, de superarla;
4. finalmente, y en el límite, la muerte nos convierte definitivamente en una cosa, en algo ya fijo, establecido; y la muerte es algo gratuito pero inevitable, está fuera de mis posibilidades, está más allá de mi subjetividad. Con ella culmina el absurdo de la existencia: “Es absurdo que hayamos nacido, es absurdo que muramos”.
 
   
   La parte de nosotros que va más allá de las cosas es la subjetividad, la conciencia. Que seamos cogito implica en la filosofía de Sartre al menos lo siguiente:
  • que nos relacionamos intencionalmente con las cosas: las queremos, detestamos, conocemos, recordamos, deseamos, imaginamos...
  • que somos conscientes de nosotros mismos: este ser conscientes al que se refiere Sartre no es el conocimiento que de modo temático, explícito, podemos alcanzar de nosotros mismos; en realidad, piensa Sartre, en esta forma de captarnos a nosotros mismos nos captamos como objetos, no como sujetos; sin embargo existe un conocimiento más básico de nuestra subjetividad: antes de cualquier acto de reflexión o de conciencia temática de sí mismo, la conciencia tiene cierta noticia de sí mismo (a esta consciencia la denomina “cogito prerreflexivo” o “conciencia no-tética de sí”): miramos un paisaje, pasa un tiempo y recordamos haberlo mirado; cuando vivimos en este recuerdo somos conscientes de nosotros mismos de forma temática, nuestro tema, el objeto de nuestro conocimiento, es nuestro haber contemplado el paisaje, como en la vivencia primera nuestro tema era el paisaje mismo; pero cuando en esta vivencia primera nuestra atención estaba dirigida al paisaje, también, aunque de un modo indirecto, éramos conscientes de estar mirando el paisaje; éste ser conscientes de nosotros mismos cuando mirábamos el paisaje es una forma de autoconciencia y es una dimensión fundamental del “cogito prerreflexivo”. Ya desde sus primeros escritos, desde la época de “La trascendencia del ego”, Sartre considera que esta presencia de la conciencia a sí misma es un rasgo básico del para-sí:“el modo de existencia de la con­ciencia es ser consciente de sí misma”.
     

       El hecho del estar presente la conciencia ante sí misma es un signo de la existencia de una cierta dualidad o separación en el interior de la conciencia, pues no parece posible el conocimiento de uno mismo sin una cierta distancia. Sartre se pregunta por lo que en el interior de la conciencia separa a ésta de sí misma y permite su presencia ante sí misma, su ser consciente de sí. Eso que separa no puede ser ninguna cosa, es más bien un no-ser, es la nada. Mientras que el ser-en-sí es lo lleno, lo macizo, el ser pleno, el ser-para-sí, la conciencia, está hueca, en ella hay un vacío, una escisión, una cierta nada. El hombre se convierte así en el ente por el que la nada adviene al mundo. Esta nada presente en el interior del hombre es lo que le hace ser libre, le permite estar abierto siempre al futuro y nunca identificarse completamente con su ser actual: “El para sí no es lo que es, y es lo que no es”.
       A partir de las reflexiones anteriores, Sartre concluye que otra dimensión fundamental del para sí es la libertad: dado que el para-sí no es tiene que hacerse; así, por su libertad, el hombre es su propio fundamento. De aquí se deriva el principio característico del existencialismo: “la existencia precede a la esencia”, “no hay una naturaleza humana”: el hombre no tiene ser, por lo que sólo le cabe hacerse y ser aquello que ha querido ser. La libertad absoluta del hombre da lugar a los sentimientos de angustia, desamparo y desesperación, sentimientos que abren la puerta a la conducta de mala fe, u ocultación de la propia responsabilidad y muestra de la tentación de ser una mera cosa.
      Como para todos los filósofos existencialistas, la temporalidad es también para Sartre una categoría fundamental en la comprensión de la realidad humana; la vida humana se desenvuelve en las tres dimensiones de la temporalidad, pasado, presente y futuro. Como doctrina de la acción, el existencialismo señala la importancia del presente, pues sólo en el acto encontramos realidad, pero como doctrina de la libertad acaba otorgando al futuro la primacía en el mundo humano: es el futuro lo que nos mueve, e incluso lo que hace inteligible mi presente, pues éste sólo es real y tiene un sentido para mí en tanto que es un medio para alcanzar mis fines, en tanto que es una fase para la realización de mi proyecto.
        Finalmente, en el interior del para-sí se encuentra la tensión o disposición hacia el otro, se encuentra el para-otro. O, en términos más sencillos: la sociabilidad humana, el necesitar de los otros hombres, es también uno de los rasgos fundamentales del para-sí.

jueves, 4 de octubre de 2012

Ensayo Sobre el Tiempo IX: La Eternidad

Continuando con Platón y los ciclos infinitos del tiempo, ahora toca describir la Eternidad

"Debemos vivir y pensar en cada momento 

como si tuviésemos la eternidad ante nosotros".

La Eternidad de Dios es una consecuencia de su Inmutabilidad. Y esto es así porque cuando hablamos de “eternidad” estamos hablando de “no-tiempo”. El tiempo es en sí mismo “cambio”, medición de movimiento. El tiempo comenzó con la creación del universo cambiante. Dios no cambia, todo lo creado cambia.
Ahora bien, debido a nuestra inteligencia y lenguaje limitados, tenemos que hablar de pasado, futuro y presente de Dios: decimos, por ejemplo, “Dios siempre fue y siempre será”. Pero, en realidad, estrictamente hablando, en Dios no hay ni pasado ni futuro.
Dios es Eterno porque no cambia, porque es Inmutable. Para Dios, no hay sucesión de tiempo, ni medición de duración. Para Dios hay sólo un “eterno presente”. Dios simplemente “es”.
De allí que al darnos su nombre “Yo Soy”, en seguida nos dice que “Yo Soy” es su nombre “para siempre” (Ex. 3, 14-15).

El concepto de eternidad (del latín aeternitas), relacionado con el de inmortalidad, se refiere, popularmente, unas veces a una duración infinita y sin límites, y otras designa una existencia sin tiempo o fuera del tiempo.
Existen diversas argumentaciones acerca del tópico de la eternidad, a través de las cuales, quienes las sustentan, tratan de demostrar que la materia, el movimiento y el tiempo deben haber existido y existirán eternamente.
En la eternidad, el tiempo no gravita, porque es un concepto que lo trasciende. No hay hoy ni ayer. La inmortalidad borra los límites del presente, del pasado y del futuro. 

¿Qué es la eternidad? 


La eternidad no es la suma de todos nuestros ayeres. La eternidad es todos nuestros ayeres, todos los ayeres de todos los seres conscientes. Todo el pasado, ese pasado que no se sabe cuándo empezó. Y luego, todo el presente. Este momento presente que abarca todas las ciudades, todos los mundos, el espacio entre los planetas. Y luego, el porvenir. El porvenir, que no ha sido creado aún, pero que también existe. Los teólogos suponen que la eternidad viene a ser un instante en el cual se juntan milagrosamente esos diversos tiempos.

Platón dijo que el tiempo es la imagen móvil de la eternidad. El empieza por eternidad, por un ser eterno, y ese ser eterno quiere proyectarse en otros seres. Y no puede hacerlo en su eternidad: tiene que hacerlo sucesivamente. El tiempo viene a ser la imagen móvil de la eternidad.
Si a nosotros nos dieran todo el ser... El ser es más que el universo, más que el mundo. Si a nosotros nos mostraran el ser una sola vez, quedaríamos aniquilados, anulados, muertos.
Tenemos días y noches, tenemos horas, tenemos minutos, tenemos la memoria, tenemos las sensaciones actuales, y luego tenemos el porvenir, un porvenir cuya forma ignoramos aún pero que presentimos o tememos. Todo eso nos es dado sucesivamente porque no podemos aguantar esa intolerable carga, esa intolerable descarga de todo el ser del universo. El tiempo vendría a ser un don de la eternidad. La eternidad nos permite vivir sucesivamente.


Felizmente nuestra vida es sucesiva, trascurrimos en el día y en la noche...y nos interrumpe el sueño. Si no hubiera sueño, sería intolerable vivir, no seríamos dueños del placer. 
La totalidad del ser es imposible para nosotros. Así nos dan todo, pero gradualmente.







Cuando sólo tenga la eternidad para ofrecerte, una eternidad de voces y de olvido, una eternidad en la que ya no podré verte ni tocarte ni encelarte ni matarte, cuando a mí mismo ya no me responda y no tenga día ni cuerpo entonces seré tuyo entonces te amaré para siempre.
Homero Aridjis



viernes, 28 de septiembre de 2012

Ensayo sobre el Tiempo VIII :Platon y los ciclos planetarios

Continuando con el tema del tiempo cíclico iniciado en "El Eterno retorno",
en esta oportunidad Platon en el Timeo:    


“Cuando su padre y progenitor vio que el universo se movía y vivía como imagen generada de los dioses eternos, se alegró y, feliz, tomó la decisión de hacerlo todavía más semejante al modelo. Entonces, como éste es un ser viviente eterno, intentó que este mundo lo fuera también en lo posible. Pero dado que la naturaleza del mundo ideal es eterna y esta cualidad no se le puede otorgar completamente a lo generado, procuró realizar una cierta imagen móvil de la eternidad y, al ordenar el cielo, hizo de la eternidad que permanece siempre en un punto una imagen eterna que marchaba según el número, eso que llamamos tiempo. Antes de que se originara el mundo, no existían los días, las noches, los meses ni los años. Por ello, planeó su generación al mismo tiempo que la composición de aquél. Éstas son todas partes del tiempo y el «era» y el «será» son formas devenidas del tiempo que de manera incorrecta aplicamos irreflexivamente al ser eterno. Pues decimos que era, es y será, pero según el razonamiento verdadero sólo le corresponde el «es», y el «era» y el «será» conviene que sean predicados de la generación que procede en el tiempo –pues ambos representan movimientos, pero lo que es siempre idéntico e inmutable no ha de envejecer ni volverse más joven en el tiempo, ni corresponde que haya sido generado, ni esté generado ahora, ni lo sea en el futuro, ni en absoluto nada de cuanto la generación adhiere a los que se mueven en lo sensible, sino que estas especies surgen cuando el tiempo imita la eternidad y gira según el número – y, además, también lo siguiente: lo que ha devenido es devenido, lo que deviene está deviniendo, lo que devendrá es lo que devendrá y el no ser es no ser; nada de esto está expresado con propiedad. Pero ahora, quizá, no es el momento oportuno para buscar exactitud.”

“El tiempo (chrônos), por tanto, nació con el universo (kósmos), para que, generados simultáneamente, también desaparezcan a la vez, si en alguna ocasión tiene lugar una eventual disolución suya, y fue hecho según el modelo de la naturaleza eterna para que este mundo tuviera la mayor similitud posible con el mundo ideal pues el modelo posee el ser por toda la eternidad, mientras que éste es y será todo el tiempo completamente generado. La decisión divina de crear el tiempo hizo que surgieran el sol, la luna y los otros cinco cuerpos celestes que llevan el nombre de planetas para que dividieran y guardaran las magnitudes temporales. Después de hacer el cuerpo de cada uno de ellos, el dios los colocó en los circuitos que recorría la revolución de lo otro (Eclíptica), siete cuerpos en siete circuitos, la luna en la primera órbita alrededor de la tierra, el sol, en la segunda sobre la tierra y el lucero (Venus) y el que se dice que está consagrado a Hermes (Mercurio), en órbitas que giran a la misma velocidad que la del Sol pero con una fuerza contraria a él, razón por la que regularmente se superan unos a otros el sol, el planeta de Hermes y el lucero. Si alguien quisiera detallar dónde colocó los restantes planetas (Marte, Júpiter y Saturno) y todas las causas por las que así lo hizo, la argumentación, aunque secundaria, presentaría una dificultad mayor que la que merece su objeto. No obstante, quizá más tarde, con tranquilidad, podamos explicarlo de manera adecuada. Una vez que cada uno de los que eran necesarios para ayudar a crear el tiempo estuvo en la revolución que le correspondía y, tras sujetar sus cuerpos con vínculos animados, fueron engendrados como seres vivientes y aprendieron lo que se les ordenó, comenzaron a girar según la revolución de lo otro, que en un curso oblicuo cruza la de lo mismo(Ecuador Celeste) y es dominada por ella”.




“Unos recorren un círculo mayor y otros, uno menor; los del menor tienen revoluciones más rápidas, los del mayor más lentas. Como giran alrededor de la revolución de lo mismo, los más rápidos parecen ser superados por los más lentos, aunque en realidad los superan. Aquélla, como todos los círculos avanzan en dos direcciones opuestas al mismo tiempo, los retuerce en espiral y hace aparecer al que se aleja más lentamente de ella como si la siguiera más de cerca a ella que es la más rápida. Para que hubiera una medida clara de la lentitud y rapidez relativa en que se mueven las ocho revoluciones, el dios encendió una luz en el segundo circuito contando desde la tierra, la que actualmente llamamos sol, con la finalidad de que todo el cielo se iluminara completamente y los seres vivientes correspondientes participaran del número, en la medida en que lo aprendían de la revolución de lo mismo y semejante. Así y por estas razones, nacieron la noche y el día, el ciclo de tiempo de la unidad de revolución más racional. El mes se produce, cuando la luna, después de recorrer toda su órbita, supera al sol; el año, cuando el sol completa su revolución. Como tan sólo unos pocos entienden las revoluciones de los restantes, ni se las nombra ni, por medio de la observación, se hacen mediciones relativas, de modo que, en una palabra, no saben que sus caminos errantes de una magnitud enorme y maravillosamente variada son tiempo. Sin embargo, es posible comprender que, cuando las velocidades relativas de las ocho órbitas, medidas por el círculo de lo mismo en progresión uniforme, se completan simultáneamente y alcanzan el punto inicial, entonces el número perfecto de tiempo culmina el año perfecto. De esta manera y por estos motivos, fueron engendrados todos los cuerpos celestes que en sus marchas a través del cielo alcanzan un punto de retorno, para que el universo sea lo más semejante posible al ser vivo perfecto e inteligible en la imitación de la naturaleza eterna.”



viernes, 14 de septiembre de 2012

Sobre (y contra) el populismo

La situación política actual es alarmante, términos como REPÚBLICA, DEMOCRACIA, LIBERTAD, IGUALDAD, FRATERNIDAD...han quedado en pura teoría, pisoteados por el irresponsable uso del poder por parte de personajes personalistas y populistas, que rozan en sus acciones con el totalitarismo.
Los personajes populistas se caracterizan porque afirman enfocarse en el pueblo y velar por este. El populismo está referido a la medidas que toma un político, buscando la aceptación de los votantes. Ademas, el gobernante populista exige ser tratado como un monarca absolutista. Por ejemplo en Venezuela el actual presidente amenaza con una guerra civil en caso de perder el cargo que ostenta desde hace ya largos años; y en mi país, Argentina, hay que tenerle miedo a DIOS y a ELLA (un poquito)...

Si el calendario no se equivoca estamos en el año 2012, siglo XXI; aunque a veces pareciera que hemos retrocedido 1000 años a épocas feudales y oscuras. Hemos olvidado que el avance y el progreso fue gracias al derecho a disentir. Disentir en estos territorios populistas de hoy en día equivale a convertirse en enemigos de la patria. Desde el poder se plantea una batalla cultural, donde quien critica es destituyente, donde se usan ilógicos argumentos para fundamentar decisiones caprichosas en nombre de la mayoría, una mayoría sin voz. 

Puede que el populismo se radicalice y logre, tanto mediante reformas institucionales como mediante recursos no institucionalizados, como la formación de redes clientelares, un escenario donde, si bien se mantiene el funcionamiento de las instituciones republicanas, es extremadamente difícil que el gobierno pierda una elección. Esto derivaría en la "institucionalización" del populismo y en lo que Sartori denominó como sistema pluripartidista con partido hegemónico.

Puede haber diversos motivos por el cual el populismo no se deshace totalmente de los elementos republicanos de la democracia (a diferencia del fascismo, cuya ideología democrática es absolutamente anti-republicana). Pero lo cierto es que su estrategia consiste en jugar con los vacíos legales, en cierta transgresión controlada de la ley, en las reformas institucionales y, por supuesto, en el uso irrestricto de todos los recursos discrecionales con los que cuenta desde el manejo del Estado. El populismo no proclama desobedecer a las instituciones, pero muestra desinterés en respetarlas y fortalecerlas. Esto se traduce en acciones que, si bien no son claramente ilegales, transgreden el espíritu de las instituciones. A menudo se emprenden reformas institucionales que, aprovechando el predominio político, hacen que ciertas instituciones sean funcionales al poder político.


Ningún país en la actualidad alcanza el ideal de democracia, que es una utopía teórica. Alcanzar el ideal requiere cumplir 5 criterios:
1. Participación efectiva: Los ciudadanos deben tener oportunidades iguales y efectivas de formar su preferencia y lanzar cuestiones a la agenda pública y expresar razones a favor de un resultado u otro.

2. Igualdad de voto en la fase decisoria: Cada ciudadano debe tener la seguridad de que sus puntos de vista serán tan tenidos en cuenta como los de los otros.

3. Comprensión informada: Los ciudadanos deben disfrutar de oportunidades amplias y equitativas de conocer y afirmar qué elección sería la más adecuada para sus intereses.

4. Control de la agenda: El Demos o el pueblo deben tener la oportunidad de decidir qué temas políticos se someten y cuáles deberían someterse a deliberación.

5. Inclusividad: La equidad debe ser extensiva a todos los ciudadanos del estado. Todos tienen intereses legítimos en el proceso político.

Los gobiernos son representantes de la sociedad en su conjunto, entonces el cambio debe darse en la consciencia de cada individuo, necesitamos una sociedad abierta.
     

Sociedad abierta es un término introducido por el filósofo Henri Bergson. De acuerdo a él, esas sociedades tienen gobiernos que son tolerantes y responden a los deseos e inquietudes de la ciudadanía con sistemas políticos transparentes y flexibles. Los órganos del Estado no mantienen secretos entre sí o del público. Ni el gobierno ni la sociedad son autoritarios y el conocimiento común o social pertenece a todos. La libertad y los derechos humanos son el fundamento de la sociedad abierta.


El humanitarismo, la búsqueda por la igualdad, las libertades políticas y el uso de la razón son parte fundamental de una sociedad abierta. 
Tales condiciones fueron ya reconocidos por Pericles; de quien se dijo (en su oración funebre): 

"Nuestra administración favorece a la mayoría y no a la minoría: es por ello que la llamamos democracia. Nuestras leyes ofrecen una justicia equitativa a todos los hombres por igual .. pero esto no significa que sean pasado por alto los derechos del mérito. Cuando un ciudadano se distingue por su valía, entonces se lo prefiere para las tareas públicas, no a manera de un privilegio, sino de un reconocimiento de sus virtudes y en ningún caso constituye obstáculo la pobreza.... La libertad de que gozamos abarca también la vida corriente.... pero esa libertad no significa que quedemos al margen de las leyes. A todos se nos ha enseñado a respetar a los magistrados y a las leyes y a no olvidar que debemos proteger a los más débiles. Y también se nos enseña a observar aquellas leyes no escritas cuya sanción solo reside en el sentimiento universal de lo que es justo...

PRO Vida

Sonría lo estamos Filmando