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domingo, 15 de abril de 2012

Sociedad de escritores virtuales




Algunas personas, con ignorancia excusable, piensan que los escritores de Internet, comenzaron a aparecer, con lógica impecable, junto a la Internet. El sentido común, no siempre es el mejor consejero del pensamiento. Hay una orden de escritores internautas, que precede en muchos siglos a la aparición de la Internet. La primer prueba de ello, es el llamado “mensaje en la botella”. Pero si nos remontamos a sus aspectos religiosos, antes de la “primer” prueba, existe otra, “las tablas de la ley” en piedra, dada a Moisés.- En cuanto al soporte técnico, se trata de auténticos mensajes virtuales.- Todavía no existía… electricidad, computadoras, Internet… pero ya ven, ya existía la virtualidad y por tanto, escritores dedicados a ella, sean solitarios arrojando al mar un mensaje, sea, si me lo permiten, el mismo Dios arrojando al mundo… algo que alguien, aunque sean ángeles, debieron escribir… o esculpir en piedra.- De modo pues, que salvo que la historia de la humanidad, religión incluida, sea una colección de inverosimilitudes, algo de cierto hay … en la existencia de escritores virtuales. Sean estos, reales o imaginarios, claro.
Hasta aquí el aspecto probatorio. Digamos. Más allá del mismo, arriesgo una sospecha, o si quieren suavizar el término, una hipótesis. Es muy probable que los escritores virtuales de todas las culturas y de todos los tiempos, estuvieran unidos a un hilo conductor invisible, aunque ellos no lo supieran. En apoyo de mi propuesta, quiero decirles que… el universo mental de un zulú… escribiendo en solitario… o de un egipcio antiguo… o de un esquimal… sorprendentemente… es muy probable que tuviesen una íntima conexión… una unión no tangible… lo que hoy diríamos, una comunidad virtual. Y esas personas, en el aparente caos solitario, formaban parte, creo, de una comunicación espiritual plena… de una orden… mítica.
Si no me aventuro en vano y si esto no es tan fantástico como parece… pudiera ocurrir que en idiomas antiguos ya en desuso… una parte del padrenuestro… haya sido pronunciado en Huarpe, y la continuación, por ejemplo, en Arameo. No nos sintamos tan perplejos de que estas cosas hayan ocurrido en la realidad… al menos, virtual.

martes, 21 de febrero de 2012

El Mandatario en babia

Los reyes de León y Asturias, en la Alta Edad Media, se distraían yendo a Babia a cazar jabalís y a descansar. De allí procede la expresión "estar en Babia", que se usa para decir de alguien que no está enterado de nada o que es el último en saber. La cuestión es: ¿cómo era posible mantener el poder y estar poco o nada informado?
Lo cierto es que estando en Babia los reyes no sólo no la pasaban mal sino tampoco perdían la corona, al menos no por eso. La opción no era ser rey o estar en Babia, ambas cosas podían andar juntas. Más aún, para estar en Babia de maravillas nada mejor que ser rey.
No va de suyo, según se puede advertir, qué significa reinar y, si uno se fija, tampoco qué es gobernar. Esto se refleja en la curiosa relación entre los términos "mandatario" y "gobernante", que son sinónimos a la vez que cargan significaciones opuestas. En efecto, la palabra "mandatario" designa a quien recibe el mandato de otros, que son sus "mandantes", pero esta acepción no coincide con la de "gobernante", puesto que éste, como la misma palabra afirma, "gobierna", "manda", o sea: es "mandante", no "mandatario".
En materia de lenguaje hay equívocos de todo tipo. Los lingüistas han observado, por ejemplo, que en egipcio antiguo un mismo vocablo significa tanto "ordenar" como "obedecer", y que otro sirve para decir tanto "fuerte" como "débil". Las palabras, notemos, no impiden desembocar en lo contrario de lo que sugerían. Sobre eso alertaba George Orwell cuando decía que "si el fascismo llegare a Occidente lo haría en nombre de la libertad", mostrando que el sentido verdadero de las palabras no es ajeno a las intenciones o deseos ocultos de quienes las usan.

Quisquilloso
No hay manera de pensar las cosas del mundo sin encontrar ambigüedades como las referidas, por eso nadie se sorprende de que el mandón esté en Babia creyendo que gobierna, cuando en realidad sólo hace caso a tal o cual. Incluso el más autocrático de los tiranos puede no hacer otra cosa que empeñarse en darle el gusto a algún mentor insospechado. Quizá por eso sea tan quisquilloso respecto a si conduce realmente aquello que cree conducir y a si su autoridad es fuerte o no tanto. Finalmente, nunca está del todo a la vista, ni a la del propio mandatario, a quién o a qué obedece realmente. Eso sí, hay ignorancias que matan, como la del califa Ibn Abu Sulaim, que recién supo que había sido siervo de la crueldad después que una cimitarra le cortara la cabeza.
"Vine a vivir a una playa lejana para ser finalmente rey de mi propio mundo", decía el viejo emigrante a la amiga que lo visitaba. Mordaz, ella agregaba: "Sí, pero de un reino grande como un pañuelo", dando por cierto que más vale un reino extenso que uno pequeño y que es mejor mandar sobre mucha gente que sobre poca. No era el caso del fraile Crisóstomo Enríquez, que no quería gobernar otra cosa que sus ovejas en el campo porque de ese modo lograba alcanzar el retiro que buscaba. Sin duda vislumbraba que a la mentada "soledad" del poder si algo no le falta es exceso de compañía.
A propósito de soledades, el escritor español Gonzalo Torrente Ballester, según cuentan, sostenía que ninguna es peor que la provocada por la creencia de que la gente es idiota. Debía tener razón, porque si el mandamás, con un espíritu tan despectivo, decide rodearse de sabios, puede hacerse objeto de la advertencia que Erasmo de Rotterdam, con aguda ironía, dirigía a fines del siglo XV a su amigo Tomás Moro: "invitad a un filósofo a un banquete, y veréis que con sus preguntas impertinentes y sus observaciones necias os agua la fiesta". © LA GACETA

Raúl Courel - Psicoanalista tucumano, escritor, ex decano de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires.











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