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martes, 18 de diciembre de 2012

La Muerte e Inmortalidad del Alma

La Muerte ¿Principio o Fin?

La muerte es un tema de interés para la mayoría de las personas ya que es algo que tarde o temprano todos tendremos que afrontar.   

Tal vez la mayor preocupación en cuanto a este tema es qué pasa después, 
¿se acaba y ya? ¿seremos juzgados? ¿a dónde vamos? 
Muchos encuentran las respuestas a éstas preguntas y a muchas más en la religión,  
ya que aunque todas son diferentes por factores culturales, todas tienen un punto en común: una hipótesis en cuanto a la vida después de la muerte. 

Yo, por mi parte, propongo otra interpretación de la muerte, una de carácter filosófico propuesta por Platón en el “Fedón”. Ésta se basa en que la muerte es el paso hacia la verdad absoluta, porque al morir el alma se separa del cuerpo liberándose así de lo falso, algo que es llamado por él: mundo de las apariencias.


Con el propósito de sustentar la interpretación filosófica de la muerte según Platón en el “Fedón”, se debe explicar inicialmente cuales son los dos mundos que el filosofo plantea: el mundo de las ideas y el mundo de las apariencias, y en que consiste cada uno de estos. 



Después de entender que el mundo de las ideas es el mundo de la verdad y el mundo de las apariencias el mundo irreal y sensorial, se deberá explicar la inmortalidad del alma. Llegando así a la conclusión de que el hombre es una composición de cuerpo y alma, en la que la última es la parte de la composición que pertenece al mundo de las ideas y que ésta puede conocer la verdad absoluta después de morir al separarse del cuerpo (mundo de las apariencias) si en la vida practicó la filosofía.

INMORTALIDAD DEL ALMA

INMORTALIDAD


Inmortalidad proviene del griego Athanasía, inmortalidad; aftharsía, incorruptibilidad. 
Este término aparece sólo 5 veces en la Biblia mientras que la palabra inmortal aparece dos veces. 
Se califica a Dios como inmortal (1Ti. 1:17; Ro. 1:23 )y como el único que posee inmortalidad (1 Ti. 6:16). 
Es obvio que ninguno de estos pasajes otorga el más mínimo apoyo a la idea ampliamente difundida de que la inmortalidad es inherente al hombre. 



LA INMORTALIDAD DEL ALMA SEGÚN PLATÓN

Según Platón, el alma humana es inmortal porque provienen del mundo de las ideas,es decir, el alma humana es eterna siendo pre existente y pos existente, y recogió también la doctrina de la reencarnación y de la metempsicosis (migración del alma) de los pitagóricos. 
En su estado ideal, las almas se encuentran en eterna contemplación hasta que por alguna razón que Platón no puede explicar con exactitud, las almas se caen del lugar ideal y se encarnan en cuerpos. 
Esto es considerado como un castigo y una alienación de si mismo. 
La dimensión corporal del hombre es un mal necesario, es la cárcel del alma de la que hay que liberarse lo más antes posible según el filósofo. 



Argumentos

1...

En primer término existen los contrarios que se originan en los opuestos. La vida y la muerte son contrarios y la vida produce la muerte, se puede suponer entonces que la muerte produce la vida, en un proceso cíclico eterno.
El contrario es un derivado de la misma materia de que está hecho su opuesto.

2...

El segundo argumento que menciona la misma fuente, se refiere al conocimiento “a priori” que posee el hombre que no pertenece al mundo sensible, como las normas y los modelos absolutos, los cuales deben provenir de un estado anterior de existencia. Los jóvenes pueden ser inducidos a enunciar verdades matemáticas aunque no hayan recibido ninguna educación, por lo tanto el aprendizaje es sólo un recuerdo de lo que ya se conoce.
3...

El tercer argumento de Sócrates se fundamente en la característica espiritual del alma, que es capaz de contemplar las formas invisibles del mundo espiritual, que los ojos no pueden ver.

4...

El cuarto argumento trata sobre el gasto de la energía del alma. Al respecto, Cebes supone que a lo largo de muchas vidas, el alma puede agotar su energía y llegar a perecer.
Pero el alma es una forma y no admite la existencia de otra forma contraria, o sea la muerte, de modo que cuando el cuerpo muere hay que admitir que el alma no perece, ya que un principio espiritual es inagotable.

5...

El quinto argumento nos dice que no hay nada que pueda destruir el alma, ni la injusticia, ni la cobardía, ni la ignorancia, dado que estos males tampoco pueden destruir al hombre injusto o ignorante, más que al que es justo y sabio.

6...

El sexto argumento es que el alma es fuente y principio de movimiento, que tiene que ser increada porque si fuera creada no sería un principio; y además es indestructible y su movimiento ha existido siempre, porque si no fuera así, todo terminaría.




Tanto en el Fedón, como en la “República”, Platón parece revelar su creencia en la inmortalidad de los hombres.

Hay pasajes en sus escritos donde Sócrates menciona que esta vida es una preparación para la eternidad; y también observaciones sobre lo que decía Eurípides, que podría tener razón al afirmar que esta vida en el mundo, en realidad, es la muerte; y que la muerte es la verdadera vida.

Lo cierto es que Platón quería transmitir que el alma sigue existiendo después de la muerte del cuerpo y tendría una vida después de la muerte, acorde a como haya sido su conducta en este mundo.

La doctrina de las sucesivas reencarnaciones que Platón propone en los mitos no se sabe hasta que punto eran tomadas por él en serio, aunque parece ser que el alma podría escapar de ese ciclo y también que podrían ser arrojados para siempre al Tártaro, los pecadores que no se corrijan a tiempo.




La inmortalidad es cada dia una idea más cercana, la inmortalidad no solo un deseo lejano, sino algo casi inevitable que podría pasar este siglo.

domingo, 14 de octubre de 2012

Ensayo sobre el tiempo X : Conclusiones


El tiempo es sucesión, y como tal, exige de un segundo instante temporal para que se traslade el primero;un tercer instante para que transcurra el segundo, y así hasta el infinito. El verdadero tiempo para John Dunne (An Experiment with Time y Nothing Dies), es el inalcanzable ultimo termino de una seria infinita de instantes...

La eternidad(Es/T parte 9)



Los teólogos definen a la eternidad como la simultanea y lúcida posesión de todos los instantes del tiempo y la declaran como uno de los atributos divinos. Dunne supone que ya es nuestra la eternidad y que los sueños de cada noche son prueba de ello.


Soñar es coordinar los vistazos de una contemplación infinita y simultanea de tiempo y urdir con ellos una historia, o una serie de historias.  
Dunne asegura que en nuestra muerte aprenderemos el manejo feliz de la eternidad. Recobraremos todos los instantes de nuestra vida y los combinaremos como nos plazca.


Para Berkeley es tiempo es: la sucesión de ideas que fluye uniformemente y de la que todos los seres participan ; para David Hume es: una sucesión de momentos indivisibles[...]Somos una colección de persepciones, que se suceden unas a otras con inconcebible rapidez...en fin para los idealistas el mundo esta hecho de un tiempo absoluto, un laberinto, un caos, un sueño.

Borges opina al respecto: [...]cada instante es autónomo  Ni la venganza ni el perdón ni las cárceles ni siquiera el olvido pueden modificar el invulnerable pasado. No menos vanas me parecen la esperanza y el miedo, que siempre se refieren a hechos futuros; es decir, a hechos que no nos ocurrirán a nosotros que somos el minucioso presente.[...] cada momento que vivimos existe, no así su imaginario conjunto. Si el tiempo es un proceso mental ¿Como pueden compartirlo millares de hombres, o aun dos hombres distintos?.

Comparto para apoyar esta opinión un relato del maestro, "Sentirse en Muerte"
No creí, no, haber remontado las presuntivas aguas del Tiempo; más bien me sospeché poseedor del sentido reticente o ausente de la inconcebible palabra eternidad. Sólo después alcancé a definir esa imaginación.
La escribo, ahora, así: Esa pura representación de hechos homogéneos —noche en serenidad, parecita límpida, olor provinciano de la madreselva, barro fundamental— no es meramente idéntica a la que hubo en esa esquina hace tantos años; es, sin parecidos ni repeticiones, la misma. El tiempo, si podemos intuir francamente esa identidad, es una delusión: la indisolubilidad de un momento de su aparente ayer y otro de su aparente hoy, basta para desordenarlo.
Apelando al sentido común es evidente que solo se se tiene certeza de este instante, el presente...

"Hoy es siempre todavía, toda la vida es ahora"(Es/T parte 1)  


Shopenhauer(El mundo como representación y voluntad) escribe al respecto:
La forma de la aparición de la voluntad es sólo el presente, no el pasado ni el porvenir; estos no existen más que para el concepto y por el encadenamiento de la conciencia, sometida al principio de la razón[...]El tiempo es como un circulo que girara infinitamente.... 
Por eso debemos disfrutar del presente:

Carpe Diem(Es/T parte 2)


Si vives cada día de tu vida como si fuera el ultimo algún día tendrás razón(Es/T parte 3)

Aunque el presente quizás no exista(Es/T parte 4): 


El presente es esa circunstancia que desaprovechamos y dejamos pasar y no nos damos cuenta que ha sucedido hasta que forma parte de ese pozo sin fondo al que llamamos pasado.
El pasado es inalterable...

Somos lo que fuimos(Es/T parte 5) 


Y el futuro es incierto...(Es/T parte 6)


Si, según lo expresado por Shopenhauer el tiempo es una rueda que gira de manera inifinita, eso nos lleva a Nietzsche y el Eterno Retorno(Es/T parte 7), idea que antes fue expuesta por Platon en El timeo...

El tiempo y los ciclos Planetarios(Es/T parte 8)


Antes había remitido al sentido común pero como estoy loco prefiero algún textos budistas que dicen que el mundo se aniquila y resurge 6500 millones de veces por día...como un fénix. 








jueves, 4 de octubre de 2012

Ensayo Sobre el Tiempo IX: La Eternidad

Continuando con Platón y los ciclos infinitos del tiempo, ahora toca describir la Eternidad

"Debemos vivir y pensar en cada momento 

como si tuviésemos la eternidad ante nosotros".

La Eternidad de Dios es una consecuencia de su Inmutabilidad. Y esto es así porque cuando hablamos de “eternidad” estamos hablando de “no-tiempo”. El tiempo es en sí mismo “cambio”, medición de movimiento. El tiempo comenzó con la creación del universo cambiante. Dios no cambia, todo lo creado cambia.
Ahora bien, debido a nuestra inteligencia y lenguaje limitados, tenemos que hablar de pasado, futuro y presente de Dios: decimos, por ejemplo, “Dios siempre fue y siempre será”. Pero, en realidad, estrictamente hablando, en Dios no hay ni pasado ni futuro.
Dios es Eterno porque no cambia, porque es Inmutable. Para Dios, no hay sucesión de tiempo, ni medición de duración. Para Dios hay sólo un “eterno presente”. Dios simplemente “es”.
De allí que al darnos su nombre “Yo Soy”, en seguida nos dice que “Yo Soy” es su nombre “para siempre” (Ex. 3, 14-15).

El concepto de eternidad (del latín aeternitas), relacionado con el de inmortalidad, se refiere, popularmente, unas veces a una duración infinita y sin límites, y otras designa una existencia sin tiempo o fuera del tiempo.
Existen diversas argumentaciones acerca del tópico de la eternidad, a través de las cuales, quienes las sustentan, tratan de demostrar que la materia, el movimiento y el tiempo deben haber existido y existirán eternamente.
En la eternidad, el tiempo no gravita, porque es un concepto que lo trasciende. No hay hoy ni ayer. La inmortalidad borra los límites del presente, del pasado y del futuro. 

¿Qué es la eternidad? 


La eternidad no es la suma de todos nuestros ayeres. La eternidad es todos nuestros ayeres, todos los ayeres de todos los seres conscientes. Todo el pasado, ese pasado que no se sabe cuándo empezó. Y luego, todo el presente. Este momento presente que abarca todas las ciudades, todos los mundos, el espacio entre los planetas. Y luego, el porvenir. El porvenir, que no ha sido creado aún, pero que también existe. Los teólogos suponen que la eternidad viene a ser un instante en el cual se juntan milagrosamente esos diversos tiempos.

Platón dijo que el tiempo es la imagen móvil de la eternidad. El empieza por eternidad, por un ser eterno, y ese ser eterno quiere proyectarse en otros seres. Y no puede hacerlo en su eternidad: tiene que hacerlo sucesivamente. El tiempo viene a ser la imagen móvil de la eternidad.
Si a nosotros nos dieran todo el ser... El ser es más que el universo, más que el mundo. Si a nosotros nos mostraran el ser una sola vez, quedaríamos aniquilados, anulados, muertos.
Tenemos días y noches, tenemos horas, tenemos minutos, tenemos la memoria, tenemos las sensaciones actuales, y luego tenemos el porvenir, un porvenir cuya forma ignoramos aún pero que presentimos o tememos. Todo eso nos es dado sucesivamente porque no podemos aguantar esa intolerable carga, esa intolerable descarga de todo el ser del universo. El tiempo vendría a ser un don de la eternidad. La eternidad nos permite vivir sucesivamente.


Felizmente nuestra vida es sucesiva, trascurrimos en el día y en la noche...y nos interrumpe el sueño. Si no hubiera sueño, sería intolerable vivir, no seríamos dueños del placer. 
La totalidad del ser es imposible para nosotros. Así nos dan todo, pero gradualmente.







Cuando sólo tenga la eternidad para ofrecerte, una eternidad de voces y de olvido, una eternidad en la que ya no podré verte ni tocarte ni encelarte ni matarte, cuando a mí mismo ya no me responda y no tenga día ni cuerpo entonces seré tuyo entonces te amaré para siempre.
Homero Aridjis



viernes, 28 de septiembre de 2012

Ensayo sobre el Tiempo VIII :Platon y los ciclos planetarios

Continuando con el tema del tiempo cíclico iniciado en "El Eterno retorno",
en esta oportunidad Platon en el Timeo:    


“Cuando su padre y progenitor vio que el universo se movía y vivía como imagen generada de los dioses eternos, se alegró y, feliz, tomó la decisión de hacerlo todavía más semejante al modelo. Entonces, como éste es un ser viviente eterno, intentó que este mundo lo fuera también en lo posible. Pero dado que la naturaleza del mundo ideal es eterna y esta cualidad no se le puede otorgar completamente a lo generado, procuró realizar una cierta imagen móvil de la eternidad y, al ordenar el cielo, hizo de la eternidad que permanece siempre en un punto una imagen eterna que marchaba según el número, eso que llamamos tiempo. Antes de que se originara el mundo, no existían los días, las noches, los meses ni los años. Por ello, planeó su generación al mismo tiempo que la composición de aquél. Éstas son todas partes del tiempo y el «era» y el «será» son formas devenidas del tiempo que de manera incorrecta aplicamos irreflexivamente al ser eterno. Pues decimos que era, es y será, pero según el razonamiento verdadero sólo le corresponde el «es», y el «era» y el «será» conviene que sean predicados de la generación que procede en el tiempo –pues ambos representan movimientos, pero lo que es siempre idéntico e inmutable no ha de envejecer ni volverse más joven en el tiempo, ni corresponde que haya sido generado, ni esté generado ahora, ni lo sea en el futuro, ni en absoluto nada de cuanto la generación adhiere a los que se mueven en lo sensible, sino que estas especies surgen cuando el tiempo imita la eternidad y gira según el número – y, además, también lo siguiente: lo que ha devenido es devenido, lo que deviene está deviniendo, lo que devendrá es lo que devendrá y el no ser es no ser; nada de esto está expresado con propiedad. Pero ahora, quizá, no es el momento oportuno para buscar exactitud.”

“El tiempo (chrônos), por tanto, nació con el universo (kósmos), para que, generados simultáneamente, también desaparezcan a la vez, si en alguna ocasión tiene lugar una eventual disolución suya, y fue hecho según el modelo de la naturaleza eterna para que este mundo tuviera la mayor similitud posible con el mundo ideal pues el modelo posee el ser por toda la eternidad, mientras que éste es y será todo el tiempo completamente generado. La decisión divina de crear el tiempo hizo que surgieran el sol, la luna y los otros cinco cuerpos celestes que llevan el nombre de planetas para que dividieran y guardaran las magnitudes temporales. Después de hacer el cuerpo de cada uno de ellos, el dios los colocó en los circuitos que recorría la revolución de lo otro (Eclíptica), siete cuerpos en siete circuitos, la luna en la primera órbita alrededor de la tierra, el sol, en la segunda sobre la tierra y el lucero (Venus) y el que se dice que está consagrado a Hermes (Mercurio), en órbitas que giran a la misma velocidad que la del Sol pero con una fuerza contraria a él, razón por la que regularmente se superan unos a otros el sol, el planeta de Hermes y el lucero. Si alguien quisiera detallar dónde colocó los restantes planetas (Marte, Júpiter y Saturno) y todas las causas por las que así lo hizo, la argumentación, aunque secundaria, presentaría una dificultad mayor que la que merece su objeto. No obstante, quizá más tarde, con tranquilidad, podamos explicarlo de manera adecuada. Una vez que cada uno de los que eran necesarios para ayudar a crear el tiempo estuvo en la revolución que le correspondía y, tras sujetar sus cuerpos con vínculos animados, fueron engendrados como seres vivientes y aprendieron lo que se les ordenó, comenzaron a girar según la revolución de lo otro, que en un curso oblicuo cruza la de lo mismo(Ecuador Celeste) y es dominada por ella”.




“Unos recorren un círculo mayor y otros, uno menor; los del menor tienen revoluciones más rápidas, los del mayor más lentas. Como giran alrededor de la revolución de lo mismo, los más rápidos parecen ser superados por los más lentos, aunque en realidad los superan. Aquélla, como todos los círculos avanzan en dos direcciones opuestas al mismo tiempo, los retuerce en espiral y hace aparecer al que se aleja más lentamente de ella como si la siguiera más de cerca a ella que es la más rápida. Para que hubiera una medida clara de la lentitud y rapidez relativa en que se mueven las ocho revoluciones, el dios encendió una luz en el segundo circuito contando desde la tierra, la que actualmente llamamos sol, con la finalidad de que todo el cielo se iluminara completamente y los seres vivientes correspondientes participaran del número, en la medida en que lo aprendían de la revolución de lo mismo y semejante. Así y por estas razones, nacieron la noche y el día, el ciclo de tiempo de la unidad de revolución más racional. El mes se produce, cuando la luna, después de recorrer toda su órbita, supera al sol; el año, cuando el sol completa su revolución. Como tan sólo unos pocos entienden las revoluciones de los restantes, ni se las nombra ni, por medio de la observación, se hacen mediciones relativas, de modo que, en una palabra, no saben que sus caminos errantes de una magnitud enorme y maravillosamente variada son tiempo. Sin embargo, es posible comprender que, cuando las velocidades relativas de las ocho órbitas, medidas por el círculo de lo mismo en progresión uniforme, se completan simultáneamente y alcanzan el punto inicial, entonces el número perfecto de tiempo culmina el año perfecto. De esta manera y por estos motivos, fueron engendrados todos los cuerpos celestes que en sus marchas a través del cielo alcanzan un punto de retorno, para que el universo sea lo más semejante posible al ser vivo perfecto e inteligible en la imitación de la naturaleza eterna.”



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