Buscador

Mostrando entradas con la etiqueta Liberalismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Liberalismo. Mostrar todas las entradas

sábado, 8 de diciembre de 2012

Liberalismo y romanticismo



El movimiento que apareció contemporáneamente a la Restauración con el nombre de liberalismo no sólo fue una doctrina de la libertad política. Llegó a implicar además una voluntad casi generalizada de adherirse a las instituciones y valores que habían surgido con la Revolución francesa, así como la urgencia de manifestar una férrea oposición a la simple posibilidad de que se retrocediera a la antigua sociedad con la monarquía restaurada. La igualdad civil que reducía a la nobleza a la condición común y la exclusión de cualquier derecho de inspección clerical sobre el gobierno, fueron para la tendencia liberal conquistas tan importantes como el conjunto de libertades civiles garantizados por la Declaración de los Derechos del Hombre. 

Por encima del rechazo de un pasado humillante, el anhelo de libertad constituyó un pregón de fe en el porvenir. Dicho anhelo fue expresado también por la mayoría de las voces que formaron parte del romanticismo. Los escritores románticos, tanto alemanes como franceses, hablaron de "perfectibilidad", refiriéndose con ello al proyecto de dar a luz en esa época a un Hombre libre. De esta manera, el amplio crédito que acabó disfrutando el liberalismo se debió al hecho de que reunía en su seno, junto con la libertad, los elementos de la causa moderna: igualdad y progreso. La libertad, fue sin duda el alma inspiradora de esa doctrina.


El siglo XIX mostró que la existencia de la libre empresa no basta por sí misma para asegurar el respeto de los derechos del hombre. En consecuencia, cuando se habla de liberalismo, es preciso tener en cuenta esa herencia espiritual en toda su extensión, como una filosofía que trata de las relaciones del individuo con el Estado, sin olvidar que la libertad política supone una doctrina de libertad moral. Schiller no difiere en este sentido al afirmar:
"Cuando la Naturaleza aspire a afirmar su multiplicidad en el edificio moral de la sociedad, no rompa en manera alguna la unidad moral. La forma victoriosa se halla tan lejos de la uniformidad como del desorden. Totalidad de carácter ha de tener el pueblo digno y capaz de trocar el Estado de necesidad por el Estado de libertad."

El liberalismo y el romanticismo, en cuanto que profesan la perfectibilidad humana, asientan como aspiración ciertos valores que deben realizarse humanamente, ambos movimientos tuvieron que recurrir al antiguo fundamento trascendente del Bien, aunque de forma distinta a como se había postulado desde la herencia platónica. La libertad, en efecto, mantiene una relación estrecha con el ideal. El impulso que en nosotros la afirma y dignifica es el mismo que nos transporta a una región de existencia superior en la que cesa para siempre la esclavitud frente al instinto.



Ante la naturaleza y la noción de necesidad natural, tanto la actitud del romanticismo como la del liberalismo están constituidas de modo semejante. Existe una curiosa mezcla de adhesión, tienden a salvaguardar la autonomía del hombre. Sin embargo, si el progreso no es otra cosa que el desenvolvimiento de nuestra naturaleza, se corre el peligro de concebirlo como fatal e inexorable. ¿Cómo garantizar entonces que es efectivamente progreso y no desarrollo ciego; que en él se realiza, a medida que se avanza, el proyecto del ideal? A la lógica de la trascendencia se une la convicción de que el tiempo obra en favor del hombre. La gran metamorfosis del mundo que trajo consigo la Revolución francesa representa la prueba triunfal de que el transcurso de la historia posee una dirección: la evolución objetiva que permite identificar lo moral con el progreso, legitimando así el presente como aliado en la causa de la libertad.

No es extraño entonces que románticos y liberales hayan visto la Revolución con buenos ojos por ser un suceso que se había propuesto introducir la justicia en la sociedad, es decir, el imperio de la ley moral en las relaciones mutuas de los ciudadanos y en las del gobierno con los ciudadanos. El progreso moral y material de la civilización es irresistible,  es el destino del género humano.



Cuando se acepta que la soberanía del pueblo es y deber ser ilimitada, se crea en la sociedad un poder excesivamente grande, sin importar ya cuál es la mano que lo maneja. El dominio de la sociedad sobre el individuo no puede franquear legítimamente ciertas fronteras. Hay sin duda una parte de la existencia humana que se conserva a toda costa independiente y que está fuera de cualquier competencia social. La soberanía se manifiesta, pues, de modo limitado y relativo. En el punto donde comienza la independencia de la existencia individual, se detiene la jurisdicción de esa soberanía. Aun el consentimiento de la mayoría no basta para legitimar sus actos. Cuando una autoridad rebasa dichos limites, se llame individuo o nación, se hace tan culpable como el peor de los déspotas.

Así, la idea moderna de libertad se opuso a la idea de libertad expuesta en el Contrato social, ya que en él se estipulaba la alienación de los derechos del individuo en favor de la autoridad colectiva, a cambio de la participación de cada ciudadano en el voto de la ley. Allí se aseguraba, por lo menos, que la colectividad no podría legislar contra los intereses de sus miembros porque todos constituían una voluntad general. Para el siglo XIX, los resultados del proyecto de Rousseau parecieron catastróficos. Extender a todos los rincones privados la competencia de la ley equivalía a organizar metódicamente la tiranía. El mayor de los errores había consistido en divinizar al legislador, fuese éste uno o muchos.


En conclusión, ganó importancia la idea de que debía existir un ámbito donde el poder no incursionara y que la ley no invadiera, bajo pena de una ilegitimidad radical. Este principio se irguió como un auténtico imperativo categórico: es el acto de conciencia mediante el cual cada individuo establece su derecho inalienable.
 Sólo así el principio de libertad adquiere vida y puede realizarse.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Liberalismo - Orígenes de un impulso

Tal vez lo primero que hay que señalar a la hora de hablar acerca del liberalismo versa sobre la curiosa aparición del término en la historia del pensamiento político. Si uno está tentado muchas veces a denominar liberales a autores como John Locke, Montesquieu, Adam Smith o Kant, no se puede olvidar que estos nunca se vieron a sí mismos de ese modo. Hubiese sido imposible, ya que ni el término ni su significación esencial se manejaban por entonces. El liberalismo — como término político— aparece a comienzos del siglo XIX, justamente en el apogeo del movimiento romántico, e irá constituyendo su significado básico al ubicarse como una alternativa política tanto al republicanismo o democratismo radical que se identificaba con el fracaso jacobino, como contra las restauraciones absolutistas que siguieron a la derrota de Napoleón.



El adjetivo liberal entra a formar parte del lenguaje político con las Cortes Constituyentes de Cádiz entre 1810 y 1812, que continuaron la guerra contra la invasión napoleónica y establecieron un régimen constitucional en España de inspiración ilustrada. Fernando VII, tras volver al trono, suprimió la constitución y estableció su monarquía absoluta. "Alrededor de 1820, el término liberal comenzó a circular en Europa (en la versión francesa libéraux o en la española liberales) para referirse a los españoles rebeldes de la época. Hasta mediados del siglo XIX no fue aceptado en Inglaterra como inglés y digno de elogio" (Giovanni Sartori).

Para Giovanni Sartori, aunque el discurso liberal ha sido el impulso ideológico más importante de la civilización occidental durante los últimos cuatrocientos años, la denominación (el nombre abstracto) se implantó unos tres siglos después de la aparición de la propia doctrina liberal, la cual promovía la supremacía de la ley y el Estado constitucional. Así, paradojicamente, en algunos países — por ejemplo Alemania— la gente empezó a hablar de liberalismo cuando había dejado o estaban dejando de ser liberales.
En otros lugares, especialmente en Estados Unidos, la palabra liberal no llegó nunca a ser un término con historia y contenido.


El rastreo histórico de Sartori de la doctrina liberal confunde algunos aspectos, pues no se puede entender la aparición y el sentido esencial del liberalismo — como alternativa política— antes de la experiencia jacobina. De hecho, la búsqueda de un Estado constitucional, donde el gobierno se sujeta al imperio de la ley, ya era una bandera republicana contra las monarquías absolutas o cualquier tipo de gobierno despótico. Así lo fue en la independencia norteamericana y en la Revolución Francesa.

En este sentido, el liberalismo no podía aportarle nada al ideario político republicano. El liberalismo sólo pudo encontrar su camino singular después de que los jacobinos aportaran su perspectiva al ideal de la voluntad general y del imperio de la ley. Entonces surgió la necesidad de diferenciar la libertad de los antiguos de la libertad de los modernos, Locke de Rousseau, el burgués del ciudadano. De hecho, el panfleto liberal por excelencia sigue siendo la conferencia que Benjamin Constant pronunció en el Ateneo de París en febrero de 1819.


Pero las vicisitudes históricas del término sólo nos interesan en tanto que sirven para esclarecer algunos aspectos fundamentales de la doctrina liberal relacionados con la tolerancia y la diferencia, cuestiones que se entienden mucho mejor si nos percatamos de su relación con el contexto del movimiento romántico:

a) El elemento definitorio básico del liberalismo es su defensa constante de la persona contra la influencia y el poder coercitivo, ya sea del Estado, ya sea de la sociedad. Por ello se recalca la necesidad imperiosa de defender un espacio privado para el desarrollo de la individualidad.

Luego del famoso trabajo de Isaiah Berlin, ‘Two Concepts of Liberty’, esta idea se relaciona con un concepto de libertad negativa, que busca proteger un ámbito en el que las personas pueden hacer lo que ellas quieren, sin interferencia por parte de otras. Así, por ejemplo, se puede ver a Locke trabajando sobre la fijación de límites al poder arbitrario de los gobernantes y a Stuart Mill luchando contra la opresión de las mayorías, la opinión pública o cualquier otra influencia generalizadora de las voluntades personales.

En palabras de Carlos Nino, el liberalismo defiende el "principio de autonomía de la persona", el cual prescribe que siendo valiosa la libre elección individual de planes de vida y la adopción de ideales de excelencia humana, ni el Estado ni los demás individuos deben interferir en ello, limitándose a diseñar instituciones que faciliten la persecución individual de esas elecciones y la satisfacción de los ideales de virtud que cada uno sustente e impidiendo la interferencia mutua en el curso de tal persecución.

b) En directa vinculación con este respeto al principio de autonomía de la persona, el liberalismo entiende que su doctrina promoverá la existencia de nuevas identidades sociales, que seguramente se autoafirmen, diferencien, e incluso contrapongan. Esta diversidad y disenso no se entienden como un mal sino, todo lo contrario, como un bien.

La individualidad, tanto de los distintos individuos, de los grupos o de las naciones, tiene derecho a la libre manifestación.

"La génesis ideal de las democracias liberales se halla en el principio de que la diferencia, no la uniformidad, es el germen y el alimento de los Estados(...) En términos generales, hasta el citado siglo, la diversidad era considerada fuente de discordias y de desorden, causante de la caída de los Estados; y la unanimidad, el fundamento necesario de toda comunidad política. Desde entonces fue imponiéndose la actitud opuesta y la unanimidad comenzó a considerarse sospechosa. El sistema político moderno y liberal se construyó sobre la base de una concordia discors, de un consenso del desacuerdo".

En oposición, la alternativa de la "voz" para emanciparnos de una situación opresiva se realiza por la expresión de nuestras opiniones desfavorables hacia tal estado de cosas, por la petición de un cambio de rumbo a los demás involucrados en la relación. Los ejemplos, que se asocian mucho mejor con las instituciones políticas por excelencia — asambleas, juntas o congresos— , pueden abarcar el amplio espectro que va del diálogo a la protesta, pasando por el debate y la discusión.


Podemos comprender, en consecuencia, que para la tradición liberal la realización de la libertad y la búsqueda de la felicidad se expresan mucho mejor en la capacidad para deshacernos de los perjuicios implícitos en los condicionamientos de los otros que en cualquier otro fenómeno humano.

"El liberalismo es mejor comprendido como una teoría de la relacionalidad que tiene a la asociación voluntaria como centro y que entiende la voluntariedad como el derecho de ruptura o retiro" (Walzer, 1996).

viernes, 10 de agosto de 2012

Todos somos LIBERALES (Mario Vargas Llosa)

La palabra de moda es liberal. Pasa con ella lo que, en los sesenta, con las palabra socialista y social, a las que todos los políticos y los intelectuales se arrimaban, pues, lejos de ellas, se sentían en la condición de dinosaurios ideológicos. El resultado fue que corno todos eran socialistas o, por lo menos, sociales o socialdemócratas, social cristianos, social progresistas” aquellas palabras se cargaron de imprecisión. Representaban tal mezcolanza de ideas, actitudes y porqués que dejaron de tener una significación precisa y se volvieron estereotipos que adornaban las solapas oportunistas de gentes y partidos.


Ahora todos somos liberales. Lo que equivale a nadie es liberal. Para algunos, liberal y liberalismo tienen una exclusiva connotación económica y se asocian a la idea del mercado y la competencia. Para otros es una manera educada de decir conservador, e incluso troglodita. Muchos no tienen la menor sospecha de lo que se trata, pero comprenden, eso si, que son palabras de fogosa actualidad política, que hay, por tanto, que emplear (exactamente como en los cincuenta había que hablar de compromiso; en los sesenta, de alineación; en los setenta, de estructura, y en los ochenta de perestroika).

Si uno quiere ser entendido cada vez que emplea los vocablos liberal y liberalismo conviene que los acompañé de un predicado especificando que pretende decir al decirlos. Ello es necesario para salir al fin del embrollo político-lingui­stico en el que hemos vivido gran parte de nuestra vida independiente.

Los liberales del siglo XIX, en América Latina, fueron individuos y partidos que se enfrentaban a los llamados conservadores en nombre del laicismo. Combatían la religión de Estado y querían restringir el poder pol­itico y a veces económico de la Iglesia, en nombre de un abanico de mentores Ideológicos desde Rosseau y Montesquieu hasta los jacobinos y enarbolaban las banderas de la libertad de pensamiento y de creencia, de la cultura laica, contra el dogmatismo y el oscurantismo de la ortodoxia religiosa.

Hoy podemos damos cuenta que, en esa batalla de casi un siglo, tanto liberales como conservadores quedaron entrampados en un conflicto monotematico excéntrico a los grandes problemas: ser adversarios o defensores de la religión católica. Así contribuyeron decisivamente a desnaturalizar las palabras, las doctrinas y valores implícitos a ellas con que vesta­ a sus acciones políticas.

Lo cierto es que el pensamiento liberal estuvo siempre contra el dogma contra todos los dogmas, incluido el dogmatismo de ciertos liberales pero no contra la religión católica ni ninguna otra y que mas bien la gran mayori­a de filósofos y pensadores del liberalismo fueron y son creyentes y practicantes de alguna religión. Pero si se opusieron siempre a que, identificada con el Estado, la religión se volviera obligatoria: es decir, que se privara al ciudadano de aquello que para el liberalismo es el mas preciado bien: la libre elección. Ella esta¡ en la raíz del pensamiento liberal, así como el individualismo, la defensa del Individuo singular de ese espacio autónomo de la persona para decidir sus actos y creencias que se llama soberanía, contra los abusos y vejámenes que pueda sufrir de parte de otros individuos o de parte del Estado, monstruo abstracto al que el liberalismo, desde el siglo XVIII señalo como el gran enemigo potencial de la libertad humana al que era imperioso limitar en todas sus Instancias para que no se convirtiera en un Moloch devorador de las energías y movimientos de cada ciudadano.

La critica del Estado grande como fuente de injusticia e ineficiencla de la doctrina liberal tiene en nuestros países vigencia dramática. Unos más, unos menos, todos padecen un gigantismo estatal del que han sido tan responsables nuestros llamados liberales como los conservadores. todos contribuyeron a hacerlo crecer, extendiendo sus funciones y atribuciones, cada vez que llegaban al gobierno, porque, de ese modo, pagaban a su clientela, podían distribuir prebendas y privilegios, y, en una palabra, acumulaban más poder.

De ese fenómeno han resultado muchas de las trabas para la modernización de América Latina: el reglamentarismo asfixiante, esa cultura del tramite que distrae esfuerzos e inventivas que deberían volcarse en crear y producir, la inflación burocrática que ha convertido a nuestras instituciones en paquidermos ineficientes y a menudo corrompidos; esos vastos sectores públicos expropiados a la sociedad civil y preservados de la competencia, que drenan inmensos recursos a la sociedad, pues sobreviven gracias a cuantiosos subsidios y son el origen del crónico déficit fiscal y su correlato: la Inflación.

El liberalismo está contra todo eso, pero no está contra el Estado, y en eso se diferencia del anarquismo, que quisiera acabar con aquél. Por el contrario, los liberales que no sólo aspiran a que sobrevivan los estados sino a que ellos sean lo que precisamente no son en América Latina: capaces de hacer cumplir las leyes y de prestar aquellos servicios, como administrar Justicia y preservar el orden público, que les son inherentes. Porque existe una verdad poco menos que axiomática: que mientras más grande es el Estado, es más débil, más corrupto y menos eficaz.

Es lo que pasa entre nosotros. El Estado se ha arrogado toda clase de tareas, muchas de las cuales estarían mejor en manos particulares, como crear riqueza o proveer seguridad social. Para ello ha tenido que establecer monopolios y controles que desalientan la iniciativa creadora del individuo y desplazan el eje de la vida económica del productor al funcionario, alguien que, dando autorizaciones y firmando decretos, enriquece, arruina o mantiene estancadas a las empresas. Este sistema enerva la creación de riqueza, pues lleva al empresario a concentrar sus esfuerzos en obtener prebendas de poder pol­itico, a corromperlo o aliarse con él, en vez de servir al consumidor. Pero además, el mercantilismo provoca una progresiva pérdida de legitimidad de ese Estado al que el grueso de la población percibe como una fuente continua de discriminación o Injusticia.


domingo, 24 de junio de 2012

Las leyes fundamentales de la estupidez humana

Las leyes fundamentales de la estupidez humana



VERSIÓN 1:

Corolarios de Giancarlo Livraghi, recogidos en El Poder de la Estupidez. (1997).

Primer Corolario: En cada uno de nosotros hay un factor de estupidez, que siempre es más grande de lo que suponemos.

Segundo Corolario: Cuando la estupidez de una persona se combina con la estupidez de otras, el impacto crece de manera geométrica; es decir, por multiplicación, no por adición, de los factores individuales de estupidez.

Tercer Corolario: La combinación de la inteligencia en diferentes personas tiene menos impacto que la combinación de la estupidez, porque la gente no estúpida tiende siempre a subestimar el poder de hacer daño que tiene la gente estúpida.

VERSIÓN 2:

Recogidas en el libro Allegro ma non troppo (1988), del historiador económico italiano Carlo Maria Cipolla (1922 - 2000).

· Primera Ley Fundamental: Siempre e inevitablemente todos subestiman el número de individuos estúpidos en circulación.

· Segunda Ley Fundamental: La probabilidad de que cierta persona sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de esa persona.

· Tercera Ley Fundamental (o de Oro): una persona estúpida es aquella que causa pérdidas a otra persona o grupo de personas sin obtener ninguna ganancia para sí mismo e incluso incurriendo en pérdidas.

· Cuarta Ley Fundamental: Las personas no estúpidas subestiman siempre el potencial nocivo de las personas estúpidas. Los no estúpidos, en especial, olvidan constantemente que en cualquier momento, lugar y circunstancia, tratar y/o asociarse con individuos estúpidos se manifiesta infaliblemente como un costosísimo error.

· Macroanálisis y Quinta Ley Fundamental: La persona estúpida es el tipo de persona más peligrosa que existe.




“Lo que hacemos por nosotros mismos muere con nosotros.
Lo que hacemos por los demás y el mundo permanece y es inmortal”

viernes, 25 de mayo de 2012

HOMBRES DE MAYO (LIBERTAD)





Primera Junta Patria


En estos días que transcurren conmemoramos un acontecimiento fundacional del sentido de LIBERTAD en Latinoamerica. 

Dicho acontecimiento fue llevado a cabo por hombres que, sin tener nada diferente o especial en particular, lograron unirse bajo un ideal común de Independencia y Libertad. 
Pero estos hombres no lograron esto de la nada o de un momento para otro, para poder entender porqué lo hicieron y porqué surgieron, es necesario, primeramente, conocer los motivos políticos, sociales y económicos que los provocaron.

El mundo a principios del siglo XVIII, estaba gobernado por monarquías europeas (Inglaterra, Francia, España, Portugal, etc.), las cuales ejercían monopolios económicos y culturales, causando explotación, servidumbre y pobreza, lo que llevó a un creciente descontento de los pueblos. 
Muchos optaban por emigrar hacia otras tierras, América del Norte por ejemplo, buscando un lugar en donde poder tener mas derechos y libertades.

Así, a mediados del sigo XVIII, surgen en el continente europeo, Sociedades con pensamiento Liberal, compuesta por hombres que se unían para enfrentar a estos sistemas de gobierno totalmente degradantes de la condición humana, cuyo primer y gran logro fue la Revolución Francesa. 
Mientras tanto, en el Territorio Americano, hombres cultos y prominentes de la sociedad no eran ajenos a estos acontecimientos europeos, ni al descontento y sentimiento contrario a las monarquías, los cuales ellos mismos fomentaban.
 Hombres que soñaban y anhelaban poder concretar en estas tierras lo acontecido en Europa, lo que traería el ansiado, progreso, autonomía y bienestar. 
Surgen así, grupos de hombres unidos en la acción, que soñaron, idearon y diseñaron una América Grande, siguiendo también un Plan Político Global de Liberación e Independencia de las coronas.

Las Independencias Americanas se lograron casi simultáneamente y, estos hombres, levantando las banderas de la Revolución Francesa  de LIBERTAD, IGUALDAD Y FRATERNIDAD, las llevaron a los pueblos colonizados de esta parte del mundo. La Gran Gesta Histórica, ya estaba en marcha.

Hablando ya específicamente de nuestras tierras, surge en Buenos Aires, la llamada "Sociedad de los Siete", sobre la cual  toda la Gesta de Mayo, esta basada. 

Los integrantes de esta Sociedad, eran hombres tales como los hermanos Rodríguez Peña, Berutti, French, Belgrano, Paso, Viamonte, Alberti, Vieytes, Guido, Terrada, Castelli, Donado, Moldes, Moreno, Pueyrredón y Saavedra, entre otros,  si bien eran de extracciones, intereses, objetivos e ideologías muy diversas, se encontraban unidos por un ideal común, el nacimiento de una Nación Libre, Justa y Soberana. 




Manuel Belgrano


Castelli


French


Rodriguez Peña


Cornelio Saavedra

Esto es lo que estableció la diferencia entre éstos hombres y los criollos comunes, quienes vieron producirse los acontecimientos al margen de las circunstancias, lo que queda perfectamente expresado,en aquella simbólica frase de que "...el Pueblo quiere saber de que se trata...".

Lo cierto es que siempre, en todas las épocas, hubo hombres inteligentes, de pensamiento libre y decididos, capaces de movilizar la historia a la altura de sus dignidades, a pesar de sus virtudes y defectos de hombres comunes, pero elevados en su pensamiento y en su corazón, los que fueron capaces de realizar hazañas que los proyectaron en la historia como superhombres, siendo, en su naturaleza, simplemente seres humanos con ideales. 




Recordamos a estos hombres, hoy en día, en estas fechas tan significativas, no sólo con el objeto de idealizar sus obras, lo cual esta bien, ya que son dignos de nuestra honra y agradecimiento constantes, sino especialmente con el sentido de tomar conciencia acerca de nuestro legado histórico, y en tal sentido, esta recordación, no sólo es importante sino impostergable, puesto que "... aquellos Pueblos que reniegan de su historia, están condenados a vivirla continuamente, sin evolucionar...".
Lo importante de ello es ver, en nuestro corazón, si estamos a la altura de aquellas dignidades, igualmente con nuestras propias virtudes como con nuestros errores, puesto que aquellos hombres en tal sentido no eran, en absoluto, diferentes a nosotros, pero estamos aquí no sólo para exaltar aquellas acciones, sino para reflexionar acerca del Legado Histórico que ellos nos han dejado respecto de aquél, que nosotros mismos, desde el lugar que nos toca vivir, estamos construyendo para nuestra posteridad. 
Cada una de las escarapelas que llevamos en nuestro pecho, como emblema de los acontecimientos de aquellos días, refleja la sangre, el pensamiento y el drama que vivieron aquellos Hombres Simples, tras la búsqueda de sus Ideales Enormes, y que tras la acción de realizarlos terminaron siendo ellos tan enormes en nuestro corazón como en la historia, aunque sus vidas individuales, hayan continuado siendo tan simples y tan comunes como cada una de las nuestras.

La reflexión final que nos debe dejar en el alma la hazaña de estos Hombres de Mayo, es el hecho de llevar,  continuamente en nuestro interior, estas escarapelas, no solo como signo de una circunstancia vivida por la Nación en su pasado, sino como Símbolos Vivientes, que cada uno de nosotros somos, de la realidad de una sociedad, que se halla en continuo perfeccionamiento de aquellos ideales que nos fueron forjados. 
Estas celebraciones buscan enseñarnos a reflexionar que, entre nosotros deberían encontrarse los actuales  “...Hombres y Mujeres de Mayo...", que el futuro juzgará, a través de nuestra historia por devenir. 

martes, 27 de marzo de 2012

Sobre la libertad de escribir (Mariano Moreno)




Si el hombre no hubiera sido constantemente combatido por las preocupaciones y los errores, y si un millón de causas que se han sucedido sin cesar, no hubiesen grabado en él una multitud de conocimientos y de absurdos, no veríamos, en lugar de aquella celeste y majestuosa simplicidad que el autor de la naturaleza le imprimió, el deforme contraste de la pasión que cree que razona cuando el entendimiento está en delirio.

Consúltese la historia de todos los tiempos, y no se hallará en ella otra cosa más que desórdenes de la razón, y preocupaciones vergonzosas. ¡Qué de monstruosos errores no han adoptado las naciones como axiomas infalibles, cuando se han dejado arrastrar del torrente de una preocupación sin examen, y de una costumbre siempre ciega, partidaria de las más erróneas máximas, si ha tenido por garantes la sanción de los tiempos, y el abrigo de la opinión común! En todo tiempo ha sido el hombre el juguete y el ludibrio de los que han tenido interés en burlarse de su sencilla simplicidad. Horroroso cuadro, que ha hecho dudar a los filósofos, si había nacido sólo para ser la presa del error y la mentira, o si por una inversión de sus preciosas facultades se hallaba inevitablemente sujeto a la degradación en que el embrutecimiento entra a ocupar el lugar del raciocinio.

¡Levante el dedo el pueblo que no tenga que llorar hasta ahora un cúmulo de adoptados errores, y preocupaciones ciegas, que viven con el resto de sus individuos; y que exentas de la decrepitud de aquéllos, no se satisfacen con acompañar al hombre hasta el sepulcro, sino que retroceden también hasta las generaciones nacientes para causar en ellas igual cúmulo de males!

En vista de esto, pues, ¿no sería la obra más acepta a la humanidad, porque la pondría a cubierto de la opresora esclavitud de sus preocupaciones, el dar ensanche y libertad a los escritores públicos para que las atacasen a viva fuerza, y sin compasión alguna? Así debería ser seguramente; pero la triste experiencia de los crueles padecimientos que han sufrido cuantos han intentado combatirlas, nos arguye la casi imposibilidad de ejecutarlo. Sócrates, Platón, Diágoras, Anaxágoras, Virgilio, Galileo, Descartes, y otra porción de sabios que intentaron hacer de algún modo la felicidad de sus compatriotas, iniciándolos en las luces y conocimientos útiles y descubriendo sus errores, fueron víctimas del furor con que se persigue la verdad.

¿Será posible que se haya de desterrar del universo, un bien que haría sus mayores delicias si se alentase y se supiese proteger? ¿Por qué no le ha de ser permitido al hombre el combatir las preocupaciones populares que tanto influyen, no sólo en la tranquilidad, sino también en la felicidad de su existencia miserable? ¿Por qué se le ha de poner una mordaza al héroe que intenta combatirlas, y se ha de poner un entredicho formidable al pensamiento, encadenándole de un modo que se equivoque con la desdichada suerte que arrastra el esclavo entre sus cadenas opresoras?

Desengañémonos al fin que los pueblos yacerán en el embrutecimiento más vergonzoso, si no se da una absoluta franquicia y libertad para hablar en todo asunto que no se oponga en modo alguno a las verdades santas de nuestra augusta religión, y a las determinaciones del gobierno, siempre dignas de nuestro mayor respeto. Los pueblos correrán de error en error, y de preocupación en preocupación, y harán la desdicha de su existencia presente y sucesiva. No se adelantarán las artes, ni los conocimientos útiles, porque no teniendo libertad el pensamiento, se seguirán respetando los absurdos que han consagrado nuestros padres, y han autorizado el tiempo y la costumbre.

Seamos, una vez, menos partidarios de nuestras envejecidas opiniones; tengamos menos amor propio; dése acceso a la verdad y a la introducción de las luces y de la ilustración: no se reprima la inocente libertad de pensar en asuntos del interés universal; no creamos que con ella se atacará jamás impunemente al mérito y la virtud, porque hablando por sí mismos en su favor y teniendo siempre por árbitro imparcial al pueblo, se reducirán a polvo los escritos de los que, indignamente, osasen atacarles. La verdad, como la virtud, tienen en sí mismas su más incontestable apología; a fuerza de discutirlas y ventilarlas aparecen en todo su esplendor y brillo: si se oponen restricciones al discurso, vegetará el espíritu como la materia; y el error, la mentira, la preocupación, el fanatismo y el embrutecimiento, harán la divisa de los pueblos, y causarán para siempre su abatimiento, su ruina y su miseria.

Mariano Moreno (1778 - 1811) en Gaceta de Buenos Aires, del 21 de junio de 1810

viernes, 10 de febrero de 2012

Debilidad Psicologica vs Libertad (Anónimo)


Un individuo psicológicamente débil y desmoralizado, preocupado por su supervivencia y asilado, no va a poder responder ni organizarse eficazmente contra la tiranía.
Aislar a un individuo o a una sociedad entera para dominarlo
Todo individuo se nutre de energía. Energía económica por un lado y energía social y vital por otro. Se trata por tanto de reducir esa energía. Mantener a la mayoría de la población en un estado continuo de ansiedad interior. Funciona porque la gente está demasiado ocupada asegurando su propia supervivencia o luchando por ella como para construir una respuesta eficaz.
Un entorno desmotivador -por la falta de expectativas y la falta de autoestima- consigue reducir la energía social y vital del individuo. La falta de dinero también influye en la energía social del individuo causando desmotivación y apatía. Otros elementos castradores, como lo políticamente correcto, el castigo al individualismo o el aislamiento, también contribuyen a reducir la energía social de un individuo.

Podemos suprimir aun más la potencia psicológica del individuo mediante el colectivismo. Un yo debilitado psicológicamente no va a poder generar la capacidad de liderazgo para hacer frente al entorno y cambiarlo. La insistencia del trabajo en equipo o la demonización del lobo solitario o las individualidades a favor de lo políticamente correcto o de unos valores colectivistas son ejemplos de este tipo de argucias, al igual que la eliminación del espíritu crítico en la educación a favor de valores sociales.

Es a través de la libertad del individuo como se construye una sociedad libre, no hay otra forma. La piedra angular de la libertad son nuestros derechos individuales y nuestra intimidad personal, y eso es precisamente lo que está en juego. Si el sistema de dominación se basa en debilitar psicológicamente el yo del individuo, la contra únicamente puede estar en el reforzamiento de ese yo.

Solo a través el reforzamiento del yo podremos enfrentarnos al entorno para cambiar las cosas y tomar conciencia de que nadie nos tiene que dar la libertad, porque somos libres. Dicen las crónicas que "nuestros antes" tenían como valor supremo su libertad, y ya es hora de que recuperemos esa consciencia y ese espíritu. Todo sistema de dominación social tiene un punto débil, y es que necesita de nuestro consentimiento.

Es fácil vender imágenes demagógicas a sociedades desmoralizadas. Todos los totalitarismos se basan en eso porque son una solución a una vida insegura y atomizada: someter a la población y llevar a la sociedad a una fuerte situación de inseguridad, angustia y terror, de manera que la gente llegue a sentirse tan desbordada que pida a gritos una solución, la que sea.

John Stuart Mill, en el capítulo tercero de Sobre la libertad (On liberty), se muestra claro al respecto, cuando señala que el ser humano que permite que su mundo le imponga elecciones ajenas a él, sólo puede aspirar a alcanzar la facultad de imitación propia de los simios. La libertad de elección, de ación, es tan importante que sin ella no se pueden desplegar las facultades humanas de percepción, de discriminación, de juicio, de actividad mental e incluso de preferencias morales.











sábado, 24 de septiembre de 2011

Alternativa Liberal

Cuando los sistemas políticos dejan de ser representativos de la ciudadanía,
cuando los intereses políticos se sobreponen a los derechos individuales,
cuando la justicia se negocia y la ley se compra, la persona deja de ser libre.

Nosotros, la ciudadanía, hemos visto nuestros derechos usurpados por un sistema político estructurado y manipulado para proteger los privilegios de una clase gobernante que ha aprendido a vivir a costas de los ciudadanos. Hay un mal inherente en esta estructura de poder.

El maniobrar político ha socavado la institucionalidad y desechado la constitución, eliminando los pilares fundamentales de la democracia y el republicanismo. El Estado ha dejado de ser garante de los derechos y la justicia y se ha vuelto una estructura de poder por el poder mismo.

Cuando el sistema se ve viciado y comprometido la ciudadanía tiene no solo el derecho, sino la responsabilidad, de reclamar aquello que es intrínsecamente de ellos: su libertad. Existen principios anteriores y superiores al legislar humano, y cuando una clase de individuos viola estos principios y utiliza el poder y la fuerza para beneficiarse ante el sacrificio de otros, su accionar se vuelve en su absoluto ilegítimo.

Hoy heredamos una lucha histórica contra la inevitable inercia del poder hacia el autoritarismo. Porque la libertad nunca se termina de ganar. Por la libertad hay que seguir luchando siempre.

Alternativa Liberal
Libertad-Propiedad-Justicia

lunes, 19 de septiembre de 2011

IDEAS-Juan Bautista Alberdi


Estos son pensamientos del Dr. JUAN BAUTISTA ALBERDI, autor, entre varias importantísimas obras, de las "Bases y Puntos de Partida para la Organización Política de la República Argentina" (1852) y del "Sistema Económico y Rentístico de la Confederación Argentina según su Constitución de 1853" (1854). ALBERDI es el padre de la gloriosa CONSTITUCION FUNDADORA de 1853. Cualquier semejanza con el gobierno actual... no, ni siquiera existen... (extraído de Periodismo de Verdad)

PENSAMIENTOS SELECTOS
1) LA FUNCIÓN DEL GOBIERNO “La idea de una industria pública es absurda y falsa en su base económca. La industria en sus tres grandes modos de producción es la agricultura, la fabricación y el comercio; pública o privada, no tiene otras funciones. En cualquiera de ellas que se lance el Estado, tenemos al gobierno de labrador, de fabricante o de mercader; es decir, fuera de su rol esencialmente público y privativo, que es el de legislar, juzgar y administrar”

2) EL MÉRITO DE LOS FISIÓCRATAS “La filosofía europea del siglo XVIII, tan ligada con los orígenes de nuestra revolución de América, dio a luz la escuela physiocrática o de los economistas, que flaqueó por no conocer más fuente de riqueza que la tierra, pero que tuvo el mérito de profesar la libertad por principio de su política económica, reaccionando contra los monopolios de toda especie. A ella pertenece la fórmula que aconseja a los gobiernos: dejar hacer, dejar pasar, por toda intervención en la industria”.

3) PRIORIDAD DE LAS LIBERTADES CIVILES “No participo del fanatismo inexperimentado, cuando no hipócrita, que pide libertades políticas a manos llenas para pueblos que sólo saben emplearlas en crear sus propios tiranos. Pero deseo ilimitadas y abundantísimas para nuestros pueblos las libertades civiles, a cuyo número pertenecen las libertades económicas de adquirir, enajenar, trabajar, navegar, comerciar, transitar y ejercer toda industria”

4) LIBERTAD INTERIOR Y EXTERIOR ... “La libertad individual es el límite sagrado en que termina la autoridad del Estado. Todos los crímenes contra la libertad del hombre han podido ser cometidos no sólo impune, sino legalmente en nombre del Estado Omnipotente, invocado por su gobierno omnímodo. La libertad exterior de la patria es la Independencia de todo país extranjero. La Libertad interior es la independencia del individuo dentro de su propio país” . “La libertad exterior de la patria es compatible con la más grande tiranía. La libertad interior (libertad civil y política) significa literalmente ausencia de todo poder omnipotente y omnímodo en el Estado y en el gobierno del Estado”.

5) LA LIMITACIÓN DE LOS PODERES PUBLICOS ... “La Constitución argentina, como todas las conocidas en este mundo, vio el escollo de las libertades, no en el abuso de los particulares tanto como en el abuso del poder. Por eso fue que antes de crear los poderes públicos, trazó en su primera parte los principios que debían servir de límite de esos poderes: primero construyó la medida, y después el poder. En ello tuvo por objeto limitar, no a uno sino a los tres poderes, y de ese modo el poder del legislador y de la ley quedaron tan limitados como el del Ejecutivo mismo”

6) VALOR DE LA PROPIEDAD “La propiedad es el móvil y estímulo de la producción, el aliciente del trabajo, y un término remuneratorio de los afanes de la industria. La propiedad no tiene valor ni atractivo, no es riqueza propiamente, cuando no es inviolable por la ley y en el hecho”.

7) LA LIBERTAD ECONÓMICA “La libertad económica esencialmente civil es la libertad de poseer y tener, de trabajar y producir, de adquirir y enajenar, de obligar su voluntad, de disponer de su persona y de sus destinos privados. El derecho al trabajo y de ejercer toda industria lícita es una libertad que abraza todos los medios de la producción humana, sin más excepción que la industria ilícita o criminal; es decir, la industria atentatoria de la libertad de otro y del derecho de tercero. Toda la grande escuela de Adan Smith está reducida a demostrar que el trabajo libre es el principio esencial de toda riqueza creada. Todo reglamento que so pretexto de organizar la libertad económica en su ejercicio, la restringe y embaraza, comete un doble atentado contra la Constitución y contra la riqueza nacional, que en esa libertad tiene su principio más fecundo”

8) EL INTERVENCIONISMO ES INCONSTITUCIONAL “Cuando decimos que la Constitución Argentina ha hecho de la libertad un medio y una condición de la producción económica, queremos decir que la Constitución ha impuesto al Estado la obligación de no intervenir por leyes ni decretos restrictivos en el ejercicio de la producción o industria comercial y marítima, pues en economía política, la libertad del individuo y la no intervención del Gobierno son dos locuciones que expresan el mismo hecho”

9) CONTRA EL ESTADO EMPRESARIO “Toda ley, todo reglamento, todo estatuto, que saca de las manos de los particulares el ejercicio de alguna de esas operaciones, que se reputan y son industriales por esencia en todas las legislaciones del mundo, y hace de él un monopolio o servicio exclusivo del Estado, ataca las libertades concedidas por la Constitución, y altera la naturaleza del gobierno, cuyas atribuciones se reducen por la Constitución a legislar, juzgar y gobernar, jamás a ejercer industrias de dominio privado. No hallaréis en toda la Constitución Argentina una disposición que atribuya a rama alguna del gobierno la facultad de ejercer el comercio, la agricultura o las manufacturas por cuenta del Estado. El gobierno que se hace banquero, asegurador, martillero, empresario de industria en vías de comunicación y en construcciones de otro género, sale de su rol constitucional; y si excluye de esos ramos a los particulares, entonces, se alza con el derecho privado y con la Constitución, echando a la vez al país en la pobreza y en la arbitrariedad” “El gobierno no ha sido creado para hacer ganancias, sino para hacer justicia; no ha sido creado para hacerse rico, sino para ser el guardián y centinela de los derechos del hombre, el primero de los cuales es el derecho al trabajo, o bien sea la libertad de industria. Un comerciante que tiene un fusil y todo el poder del Estado en una mano, y la mercadería en la otra, es un monstruo devorador de todas las libertades industriales, ante él todo comercio es imposible”.

10) LA DISTRIBUCIÓN DE LA RIQUEZA “Para proteger mejor el fin social de la riqueza, la Constitución Argentina ha preferido la distribución libre a la distribución reglamentaria y artificial. La distribución de las riquezas se opera por si sola, tanto más equitativamente cuanto menos se ingiere el Estado en imponerle reglas”.

11) LA PROMOCION DE CAPITALES “No debiendo las leyes orgánicas emplear otros medios de proteger la venida de los capitales que los medios indicados por la Constitución misma, importa tener presente cuáles son esos medios designados por la Constitución, como base fundamental de toda ley que tenga relación con los capitales considerados en su principio de conservación y de aumento, y en sus medios de acción y de aplicación a la producción de sus beneficios. Esos medios de protección, esos principios de estímulo, no son otros que la libertad, la seguridad, la igualdad, asegurados a todos los que, habitantes o ausentes del país, introduzcan y establezcan en él sus capitales”.

12) EL SALARIO ES UN PRECIO: LO FIJA EL MERCADO “El salario es libre por la Constitución como precio del trabajo, su tasa depende de las leyes normales del mercado, y se regla por la voluntad libre de los contratantes. No hay salario legal u obligatorio a los ojos de la Constitución, fuera de aquel que tiene por ley la estipulación expresa de las partes, o la decisión del juez fundada en el precio corriente del trabajo, cuando ocurre controversia”.

13) LA LEY NO PUEDE GARANTIZAR EL TRABAJO “Garantizar trabajo a cada obrero sería tan impracticable como asegurar a todo vendedor un comprador, a todo abogado un cliente, a todo médico un enfermo, a todo cómico, aunque fuese detestable, un auditorio. La ley no podría tener ese poder, sino a expensas de la libertad y de la propiedad, porque sería preciso que para dar a los unos lo quitase a los otros; y semejante ley no podría existir bajo el sistema de una Constitución que consagra en favor de todos los habitantes los principios de libertad y de propiedad, como bases esenciales de la legislación”.

14) LA DESIGUALDAD DE LAS FORTUNAS .... “La Constitución, por sí, nada crea ni da: ella declara del hombre lo que es del hombre por la obra de Dios, su primitivo legislador. Dios, que ha formado a todos los hombres iguales en derecho, ha dado a los unos capacidad y a los otros inepcia, creando de este modo la desigualdad de las fortunas, que son el producto de la capacidad, no del derecho. La Constitución no debía alterar la obra de Dios, sino expresarla y confirmarla. Ni estaba a su alcance igualar las fortunas, ni su mira era otra que declarar la igualdad de derechos”.

15) EMISIÓN SIN RESPALDO ... “Mientras el gobierno tenga el poder de fabricar moneda con simples tiras de papel que nada prometen, ni obligan a reembolso alguno, el “poder omnímodo” vivirá inalterablemente como gusano roedor en el corazón de la Constitución misma”

16) IMPUESTOS DIRECTOS E INDIRECTOS “Son muchos los medios que pueden emplearse respecto a los impuestos; pero todos ellos se reducen a dos. O se pide directamente al contribuyente una parte de su renta, o bien se le exige una suma sobre ciertos consumos que hace con su renta, sin inquirir su nombre ni mencionar su persona. Lo primero es la contribución directa, lo otro es llamado contribución indirecta. La Constitución Argentina admite estos dos métodos de exigir el pago de la contribución; pero se muestra inclinada al último, que, sin duda alguna es más conforme a sus principios, a los intereses que ella tiene en vista”

17) CONTROL DE CAMBIOS ... “Son derogatorias de la libertad de comercio las leyes restrictivas del movimiento de internación y extracción de las monedas, por ser la moneda una mercancía igual a las demás, y porque toda traba opuesta a su libre extracción es la frustración de un cambio, que debía operarse contra otro producto importado del extranjero. Tales leyes son doblemente condenables como iliberales y como absurdas; como contrarias a la Constitución y a la riqueza al mismo tiempo”

18) LA FUNCIÓN DE LA ADUANA “¿Qué es la aduana en el sentido de la Constitución Argentina?. Sus palabras textuales lo declaran: un derecho de importación y exportación; es decir, un impuesto, una contribución, cuyo producto concurre a la formación del Tesoro, destinado al sostenimiento de los gastos de la Nación. (Arts. 4 y 64). Fuera de ese rol y carácter, la aduana no tiene otro en las rentas argentinas. Luego ninguna ley de aduanas, orgánica de la Constitución en ese punto, puede hacer de la aduana un medio de protección, ni mucho menos de exclusión y prohibición, sin alterar y contravenir al tenor expreso de la Constitución”
Fuente: “Ideas sobre la Libertad”. Nros. 44 (Año XXVI. Octubre de 1984. Selección de escritos de Alberdi hecha por Raúl Oscar Abdala) y 45 (Año XXVII. Marzo de 1985) Publicación del Centro de Estudios sobre la Libertad

PRO Vida

Sonría lo estamos Filmando