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viernes, 25 de mayo de 2012

HOMBRES DE MAYO (LIBERTAD)





Primera Junta Patria


En estos días que transcurren conmemoramos un acontecimiento fundacional del sentido de LIBERTAD en Latinoamerica. 

Dicho acontecimiento fue llevado a cabo por hombres que, sin tener nada diferente o especial en particular, lograron unirse bajo un ideal común de Independencia y Libertad. 
Pero estos hombres no lograron esto de la nada o de un momento para otro, para poder entender porqué lo hicieron y porqué surgieron, es necesario, primeramente, conocer los motivos políticos, sociales y económicos que los provocaron.

El mundo a principios del siglo XVIII, estaba gobernado por monarquías europeas (Inglaterra, Francia, España, Portugal, etc.), las cuales ejercían monopolios económicos y culturales, causando explotación, servidumbre y pobreza, lo que llevó a un creciente descontento de los pueblos. 
Muchos optaban por emigrar hacia otras tierras, América del Norte por ejemplo, buscando un lugar en donde poder tener mas derechos y libertades.

Así, a mediados del sigo XVIII, surgen en el continente europeo, Sociedades con pensamiento Liberal, compuesta por hombres que se unían para enfrentar a estos sistemas de gobierno totalmente degradantes de la condición humana, cuyo primer y gran logro fue la Revolución Francesa. 
Mientras tanto, en el Territorio Americano, hombres cultos y prominentes de la sociedad no eran ajenos a estos acontecimientos europeos, ni al descontento y sentimiento contrario a las monarquías, los cuales ellos mismos fomentaban.
 Hombres que soñaban y anhelaban poder concretar en estas tierras lo acontecido en Europa, lo que traería el ansiado, progreso, autonomía y bienestar. 
Surgen así, grupos de hombres unidos en la acción, que soñaron, idearon y diseñaron una América Grande, siguiendo también un Plan Político Global de Liberación e Independencia de las coronas.

Las Independencias Americanas se lograron casi simultáneamente y, estos hombres, levantando las banderas de la Revolución Francesa  de LIBERTAD, IGUALDAD Y FRATERNIDAD, las llevaron a los pueblos colonizados de esta parte del mundo. La Gran Gesta Histórica, ya estaba en marcha.

Hablando ya específicamente de nuestras tierras, surge en Buenos Aires, la llamada "Sociedad de los Siete", sobre la cual  toda la Gesta de Mayo, esta basada. 

Los integrantes de esta Sociedad, eran hombres tales como los hermanos Rodríguez Peña, Berutti, French, Belgrano, Paso, Viamonte, Alberti, Vieytes, Guido, Terrada, Castelli, Donado, Moldes, Moreno, Pueyrredón y Saavedra, entre otros,  si bien eran de extracciones, intereses, objetivos e ideologías muy diversas, se encontraban unidos por un ideal común, el nacimiento de una Nación Libre, Justa y Soberana. 




Manuel Belgrano


Castelli


French


Rodriguez Peña


Cornelio Saavedra

Esto es lo que estableció la diferencia entre éstos hombres y los criollos comunes, quienes vieron producirse los acontecimientos al margen de las circunstancias, lo que queda perfectamente expresado,en aquella simbólica frase de que "...el Pueblo quiere saber de que se trata...".

Lo cierto es que siempre, en todas las épocas, hubo hombres inteligentes, de pensamiento libre y decididos, capaces de movilizar la historia a la altura de sus dignidades, a pesar de sus virtudes y defectos de hombres comunes, pero elevados en su pensamiento y en su corazón, los que fueron capaces de realizar hazañas que los proyectaron en la historia como superhombres, siendo, en su naturaleza, simplemente seres humanos con ideales. 




Recordamos a estos hombres, hoy en día, en estas fechas tan significativas, no sólo con el objeto de idealizar sus obras, lo cual esta bien, ya que son dignos de nuestra honra y agradecimiento constantes, sino especialmente con el sentido de tomar conciencia acerca de nuestro legado histórico, y en tal sentido, esta recordación, no sólo es importante sino impostergable, puesto que "... aquellos Pueblos que reniegan de su historia, están condenados a vivirla continuamente, sin evolucionar...".
Lo importante de ello es ver, en nuestro corazón, si estamos a la altura de aquellas dignidades, igualmente con nuestras propias virtudes como con nuestros errores, puesto que aquellos hombres en tal sentido no eran, en absoluto, diferentes a nosotros, pero estamos aquí no sólo para exaltar aquellas acciones, sino para reflexionar acerca del Legado Histórico que ellos nos han dejado respecto de aquél, que nosotros mismos, desde el lugar que nos toca vivir, estamos construyendo para nuestra posteridad. 
Cada una de las escarapelas que llevamos en nuestro pecho, como emblema de los acontecimientos de aquellos días, refleja la sangre, el pensamiento y el drama que vivieron aquellos Hombres Simples, tras la búsqueda de sus Ideales Enormes, y que tras la acción de realizarlos terminaron siendo ellos tan enormes en nuestro corazón como en la historia, aunque sus vidas individuales, hayan continuado siendo tan simples y tan comunes como cada una de las nuestras.

La reflexión final que nos debe dejar en el alma la hazaña de estos Hombres de Mayo, es el hecho de llevar,  continuamente en nuestro interior, estas escarapelas, no solo como signo de una circunstancia vivida por la Nación en su pasado, sino como Símbolos Vivientes, que cada uno de nosotros somos, de la realidad de una sociedad, que se halla en continuo perfeccionamiento de aquellos ideales que nos fueron forjados. 
Estas celebraciones buscan enseñarnos a reflexionar que, entre nosotros deberían encontrarse los actuales  “...Hombres y Mujeres de Mayo...", que el futuro juzgará, a través de nuestra historia por devenir. 

martes, 27 de marzo de 2012

Sobre la libertad de escribir (Mariano Moreno)




Si el hombre no hubiera sido constantemente combatido por las preocupaciones y los errores, y si un millón de causas que se han sucedido sin cesar, no hubiesen grabado en él una multitud de conocimientos y de absurdos, no veríamos, en lugar de aquella celeste y majestuosa simplicidad que el autor de la naturaleza le imprimió, el deforme contraste de la pasión que cree que razona cuando el entendimiento está en delirio.

Consúltese la historia de todos los tiempos, y no se hallará en ella otra cosa más que desórdenes de la razón, y preocupaciones vergonzosas. ¡Qué de monstruosos errores no han adoptado las naciones como axiomas infalibles, cuando se han dejado arrastrar del torrente de una preocupación sin examen, y de una costumbre siempre ciega, partidaria de las más erróneas máximas, si ha tenido por garantes la sanción de los tiempos, y el abrigo de la opinión común! En todo tiempo ha sido el hombre el juguete y el ludibrio de los que han tenido interés en burlarse de su sencilla simplicidad. Horroroso cuadro, que ha hecho dudar a los filósofos, si había nacido sólo para ser la presa del error y la mentira, o si por una inversión de sus preciosas facultades se hallaba inevitablemente sujeto a la degradación en que el embrutecimiento entra a ocupar el lugar del raciocinio.

¡Levante el dedo el pueblo que no tenga que llorar hasta ahora un cúmulo de adoptados errores, y preocupaciones ciegas, que viven con el resto de sus individuos; y que exentas de la decrepitud de aquéllos, no se satisfacen con acompañar al hombre hasta el sepulcro, sino que retroceden también hasta las generaciones nacientes para causar en ellas igual cúmulo de males!

En vista de esto, pues, ¿no sería la obra más acepta a la humanidad, porque la pondría a cubierto de la opresora esclavitud de sus preocupaciones, el dar ensanche y libertad a los escritores públicos para que las atacasen a viva fuerza, y sin compasión alguna? Así debería ser seguramente; pero la triste experiencia de los crueles padecimientos que han sufrido cuantos han intentado combatirlas, nos arguye la casi imposibilidad de ejecutarlo. Sócrates, Platón, Diágoras, Anaxágoras, Virgilio, Galileo, Descartes, y otra porción de sabios que intentaron hacer de algún modo la felicidad de sus compatriotas, iniciándolos en las luces y conocimientos útiles y descubriendo sus errores, fueron víctimas del furor con que se persigue la verdad.

¿Será posible que se haya de desterrar del universo, un bien que haría sus mayores delicias si se alentase y se supiese proteger? ¿Por qué no le ha de ser permitido al hombre el combatir las preocupaciones populares que tanto influyen, no sólo en la tranquilidad, sino también en la felicidad de su existencia miserable? ¿Por qué se le ha de poner una mordaza al héroe que intenta combatirlas, y se ha de poner un entredicho formidable al pensamiento, encadenándole de un modo que se equivoque con la desdichada suerte que arrastra el esclavo entre sus cadenas opresoras?

Desengañémonos al fin que los pueblos yacerán en el embrutecimiento más vergonzoso, si no se da una absoluta franquicia y libertad para hablar en todo asunto que no se oponga en modo alguno a las verdades santas de nuestra augusta religión, y a las determinaciones del gobierno, siempre dignas de nuestro mayor respeto. Los pueblos correrán de error en error, y de preocupación en preocupación, y harán la desdicha de su existencia presente y sucesiva. No se adelantarán las artes, ni los conocimientos útiles, porque no teniendo libertad el pensamiento, se seguirán respetando los absurdos que han consagrado nuestros padres, y han autorizado el tiempo y la costumbre.

Seamos, una vez, menos partidarios de nuestras envejecidas opiniones; tengamos menos amor propio; dése acceso a la verdad y a la introducción de las luces y de la ilustración: no se reprima la inocente libertad de pensar en asuntos del interés universal; no creamos que con ella se atacará jamás impunemente al mérito y la virtud, porque hablando por sí mismos en su favor y teniendo siempre por árbitro imparcial al pueblo, se reducirán a polvo los escritos de los que, indignamente, osasen atacarles. La verdad, como la virtud, tienen en sí mismas su más incontestable apología; a fuerza de discutirlas y ventilarlas aparecen en todo su esplendor y brillo: si se oponen restricciones al discurso, vegetará el espíritu como la materia; y el error, la mentira, la preocupación, el fanatismo y el embrutecimiento, harán la divisa de los pueblos, y causarán para siempre su abatimiento, su ruina y su miseria.

Mariano Moreno (1778 - 1811) en Gaceta de Buenos Aires, del 21 de junio de 1810

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